jueves, 14 de abril de 2016

3 de abril...

“Y te extraño…”, fue la ultima frase leída en el mensaje. Las emociones brotaron a flor de piel tras posar los ojos sobre ellas. Emoción contenida tras su partida. Una larga rabieta, pensamientos constantes de abandono, de soledad, de desesperanza, tras un adiós programado, imaginado, consensuado. Y nada, no hay mucho que explicarse, no hay mucho que entender, porque no se quiere querer, no se quiere esperar, no se quiere entender; porque se es egoísta, porque se quiere apresar, porque se quiere retener, porque se quiere robar y no dejar escapar, cual ave en un corral. Maniatar…
Y volvemos al te extraño y volvemos a la esperanza, a la espera y al romance y al miedo y a la inseguridad y al momento en que tu boca calla ese te amo que desea soltar desde hace semanas y la incertidumbre de que esa, esa palabra sea falsa, que esté ligada al entusiasmo del momento, que se mezcle con el dolor, la desazón y la incertidumbre. Con el hambre por devorar cualquier sentimiento recíproco, que hace tiempo nadie a profesado hacia ti. Y te asusta pensar que es simple aire, una pequeña, insignificante brisa marina que se perderá entre las olas, que no fue de importancia para el otro, que no tiene futuro alguno.

Y vuelves al punto en el cual dejaron de amarte por primera vez, y supones que ésta será la siguiente y empiezas a planear cómo superarlo antes de tiempo, antes de que te abandonen, antes de que se vaya, antes de que te percates cuánto lo amas. Así tan rápido, como nunca te había pasado antes, cómo nunca deseaste sentirte porque estás así, vulnerable y sabes que te pueden romper nuevamente el corazón; como antes, como aquella vez en la que amar era el único alimento que te mantenía con vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario