Cecilia
Alfaro Gómez
Catedrática
Centro de
Estudios en Ciencias de la Comunicación
Tras ver un
documental sobre la generación que protagonizó la serie de televisión Mad Men, me llamó la atención una de las
frases pronunciadas por una de las especialistas entrevistadas. Ella hablaba
sobre la construcción de las improntas generaciones y decía que no todas estas
rigen por completo a una generación en su conjunto, lo cual es muy cierto. Esas
construcciones están íntimamente ligas a muchos más factores, a grupos
específicos de la población en el mundo entero, a las emociones y a las
experiencias aprendidas por cada individuo dentro de una cultura, a los Códigos
Culturales.
Ese justamente es el tema en
cuestión de este artículo, la mezcla entre improntas y arquetipos que generan
estilos de vida muy particulares, que se convierten en códigos y que permiten,
a los consumidores, disfrutar de un producto o un servicio en materia de marketing.
Dicho axioma desde hace dos años permitió a un grupo de jóvenes estudiantes
intentar jugar con el término y descubrir un mundo de posibilidades.
Hasta la fecha llevamos publicadas
dos memorias electrónicas escritas por los alumnos del Centro en Estudios en
Ciencias de la Comunicación, que se dedicaron a estudiar la teoría propuesta
por el antropólogo cultural Clotaire Rapaille y que decidieron ponerla en
práctica en 28 ensayos hasta la fecha. De
hangover a lo prohibido fue nuestro primer acercamiento al mundo de la
investigación de las comunicaciones en 2014.
Este ciclo nos preocupamos por el Ser,
por identificar quiénes somos y que representamos dentro de la gran cultura de
masas. Nos imaginamos en medio de una guerra tecnológica, jugando videojuegos y
tomando tequila, seduciendo mujeres al estilo James Bond y maquinando nuevas
formas de conservación animal, a través de la contabilización del tiempo. Eso y
mucho más contiene este nuevo título que está por ser presentado el próximo 7
de abril en nuestra institución.
Esta vez quince estudiantes de diversos semestres y de muy distintas
carreras intentaron dilucidar sus ideas introduciendo o consolidando una serie
de marcas de prestigio a nivel mundial en ciertos países. Todos con un solo
fin: conocer a fondo la cultura de cada lugar para resolver cuál era la fórmula
óptima para adaptarla a un mercado en específico.
Lo que en verdad me gusta de esta nueva entrega es la diversidad de formas
de abordaje y resolución en cada caso, mientras unos publicitan, otros
persuaden, algunos diseñan y unos más trabajan en torno a causas humanitarias
en diferentes partes del mundo. Demostrando que de un universo infinito de
posibilidades puede emanar un código cultural, no importando el lugar, la
situación, ni la marca de la que estemos hablando, sino de la cultura a que nos
estemos dirigiendo de forma particular.
Es precisamente la diversidad la que da título a esta nueva entrega: Yo soy trans. Los códigos culturales de la
comunicación CECC. Memoria Electrónica 2015, la cual habla de esa
posibilidad del ser humano de transformarse, de transgredir, de transferir, de
transcender. 2156 palabras que pueden escribirse con dicho prefijo están
navegando por nuestro universo cultural; cada persona, cada cosa puede
identificarse con ellas, hacerse de ellas, interpretarlas, actuarlas y
ponérselas, porque las personas son, por antonomasia, una reafirmación de sí
mismas.
Este trabajo muestra el crecimiento académico de nuestros alumnos y, a la
par, nos prepara para nuevas interpretaciones de una realidad imperante. La
contemporaneidad trae consigo nuevas propuestas a muy diversos temas, ahora nos
encontramos ya preparando una tercera entrega, en la cual hablaremos sobre
México y su introducción a los mercados europeo o asiático. Queremos que el Proyecto Código Cultural se convierta en
una línea de investigación sólida dentro del CECC, que constituya los primeros pininos de nuestros próximos egresados y
que evidencie públicamente el potencial que tenemos al interior de las aulas.
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