Tinta rosa sobre papel
Publicado
en: Revista Payaso Procaz. Cultura sin pudor, en el Blog Tinta rosa
sobre papel en http://www.payasoprocaz.com
Tinta rosa sobre papel
2013-02-04
2013-02-04
Foto: Forest Woodward
Muchas veces me he sentido sola. Ya saben: esa sensación que hace que te vuelvas melancólica, que te sientas abandonada como un hongo. Como cuándo sueñas que caes en un abismo y no puedes despertarte por más que lo intentas. Si alguna de ustedes la ha sentido, mis condolencias y, si nunca la ha experimentado, mis felicitaciones. No sé si sea una particularidad femenina pero me he topado con muchos casos a lo largo de mi vida y puedo asegurar que no son para nada motivadores.
Me enferma pensar que todas, en algún momento, tenemos ese síntoma y que no existe remedio alguno para curarlo. Y así como la melancolía penetra en tu cuerpo y sientes un vacío aterrador, frustrante, doloroso, también puedes sentirte eufórica sin saber por qué, aunque esa sensación dure poco y vuelvas a experimentar un vacío existencial. Esa, precisamente, es la soledad tras la pérdida o la decepción, tras el fracaso o la ausencia, tras lo imposible y lo que fue posible pero deja de serlo para siempre. Frente a eso uno se queda ahí sentada, esperando que se vaya, que desaparezca, como ese invitado incómodo que esperas que parta pronto, pero que no se va.
Lo bueno es que hay veces que puedes superarla (otras, tal vez no) aunque la mayor parte del tiempo permanece adherida a tu piel como sanguijuela. Hay gente que enloquece por su causa, otras que se aferran a ella y unas más que tratan de perderla, olvidarla en cualquier vagón del metro. En el mejor de los casos les recomiendo ignorarla, hacer de cuenta que no se encuentra presente, que se ha ido, que es invisible. Lo sé, a veces eso es casi imposible pero en ocasiones se logra. Aunque intente regresar, hay que hacer todo lo posible por desaparecerla, de lo contrario la vida se vuelve miserable y tú, su presa.
No tengo una receta, ni puedo decir cómo superarla, ni cómo perderla, ni cómo evitar que regrese… Lo que sí puedo decirles es que yo siempre trato de mandarla a la mierda y, aunque no se esfuma, al menos me siento bien maldiciéndola.
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