sábado, 22 de junio de 2013

La telenovela de época: ¿Resultado de la ideología revolucionaria?


El Hombre Bala
2013-02-25


Publicado en: Revista Payaso Procaz. Cultura sin pudor, no. 4, 25 de febrero de 2013, http://www.payasoprocaz.com/pag.php?artId=150



por Cecilia Alfaro Gómez

El investigador Martin Jackson nos habla del filme como uno de los modos de expresión más importantes del siglo XX. En la actualidad, este sistema de comunicación llega a gran cantidad de personas que se ven influenciadas por un sinnúmero de opiniones. Para los historiadores constituye una fuente “que merece un estudio profundo” (Jackson, 1983, p. 16) pues permite, a través de un tratamiento de la realidad, desarrollar un mensaje que se comunique al público que lo observa.

La reconstrucción del pasado a través de la cinematografía es compleja, ya que enfrenta a los hechos en imágenes, muchas veces ficticias, que permiten al espectador vivir un suceso histórico determinado. Y aunque algunos no siempre recrean fielmente el devenir, otros se aproximan de forma considerable a él. Es posible que esto se deba a que hoy en día el cine y la televisión se han convertido en fuente del conocimiento histórico y que por ese motivo los realizadores se vean en la obligación de educar a los telespectadores. De hecho, el historiador Robert A. Rosenstone evidencia su preocupación por el tema en su libro El pasado en imágenes, donde comenta que se ha reducido el número de personas que se encuentran interesadas en los trabajos históricos, pues “la academia es cada vez más incapaz de relatar acontecimientos que ayuden a comprender nuestro presente”. (Rosenstone, 1997, p. 29) Su propuesta va encaminada a pensar en un público más amplio al momento de escribir un texto académico, es decir, realizar “relatos que interesen a todo el mundo”. (Rosenstone, 1997, p. 31)
Sus propósitos van más allá, pretendiendo plasmar la historia a través de imágenes, ya que para él esta forma es el único medio por el cual se puede reconstruir la vida de las personas en el pasado. ¿Quién puede recuperar estas vivencias y hacérselas sentir a los espectadores? Solamente la filmografía, la cual presenta la posibilidad de “interpretar los hechos, que muestran al mundo en toda su complejidad, indeterminación y multiplicidad, y no como una serie de acontecimientos lineales, encapsulados y claramente definidos”. (Rosenstone, 1997, p. 38) Por tanto, el cine apoya la narración histórica para que ésta pueda de nuevo “empoderarse”, como cuando se encuentra en estrecha relación con la literatura.
Es así como la historia filmada reflexiona sobre el pasado, de forma más personal, a como lo hace el análisis escrito; sin embargo, lo que vemos en la pantalla tan sólo son aproximaciones sobre lo ocurrido, sugerencias acerca de lo que pudo suceder. El filme deberá ser escudriñado para que proporcione al historiador diversos razonamientos del discurso histórico que serán analizados y confrontados con otras fuentes.
El cine forma parte de los medios de comunicación que, junto con la televisión y el radio, influyen en el criterio del público al que están dirigidos, muestran las actitudes, ideas y preocupaciones de la sociedad. Por tal motivo, muchas veces esta triada de medios tiene en sus manos el control sobre la opinión pública, conservando ideologías dominantes y creando un consenso en su entorno. El investigador Sergio Alegre asegura que el auditorio que los sigue, “tiende a considerar como verdad, descripciones de lugares, actitudes y modos de vida de los que no tienen un conocimiento previo”. (Alegre, 1997, p. 78) Al mismo tiempo, esta persuasión lo instruye acerca de lo que es moralmente correcto y adecua el pensamiento social hacia lo que se debe ser y hacer. Sin embargo, y como bien lo indica Alegre, el cine y la televisión tienen la función primordial de entretener y ni de enseñar.
No obstante, en la actualidad las televisoras se han convertido en difusoras del conocimiento histórico. A través de las denominadas telenovelas históricas o de época 2, los telespectadores han conocido los acontecimientos que dieron sentido a la nación.


La Historia llega a la televisión

La telenovela, como su nombre lo indica, es una obra literaria que se transmite por televisión. Su origen está relacionado con los relatos por entrega de los diarios decimonónicos, las radionovelas y las fotonovelas. Todas ellas narraciones cortas, dramáticas, masivas y de fácil lectura.
Fue en los Estados Unidos donde se creó la moda de los soap operas, que rápidamente se extendió por toda América Latina. En México, la telenovela oscila entre 90 y 120 capítulos; la idea es realizar tramas en episodios cortos que generen todo el tiempo gran expectación. Se podría pensar que el género está enfocado exclusivamente a las mujeres, aunque las estadísticas indican que personas de ambos sexos disfrutan de su transmisión.
Para algunos autores ha constituido un espacio de expresión y recreación cultural que trajo grandes ganancias. Odiada y amada por uno y otro, la telenovela mexicana ha servido de escenario de integración y síntesis de elementos discursivos, tanto posmodernos como anacrónicos (Orozco, 2006, p. 14) puesto que, gracias a ella subsisten modelos sociales tradicionales, arquetipos que hasta la fecha siguen repitiéndose y funcionando.
El gran éxito de estas series es que logran conjuntar lo popular y lo melodramático en un solo producto, haciendo posible diluir las fronteras entre la realidad y la ficción, a través de una serie de significados que son transmitidos al público, que le da respuesta según sus propias necesidades. Estas características convirtieron a las telenovelas en uno de los medios de difusión de la ideología del Estado.
Durante las décadas de los 70 y 80, se empezó a producir una gran cantidad de telenovelas de contenido social que se enfocaban en temas diversos, tales como la planificación familiar, la alfabetización de los adultos, el valor de la familia o la paternidad responsable. La mayor parte de estas fueron producidas en colaboración con organismos públicos. Ahora bien, ¿por qué interesarse por la historia de México? ¿Sería un negocio redituable o un convenio con el Estado?
En lo particular, creo que ambas cosas. Desde 1963 Televisa decidió utilizar a la historia como un cambio dentro de su programación para obtener mayores ganancias. La vida de sor Juana Inés de la Cruz fue la primera producción de época que la empresa desarrolló; no obstante, la mayor parte del guion fue censurado y prohibido, lo que provocó que la serie se convirtiera en un fracaso. El esquema se repitió varias veces con la aparición en 1965 de Maximiliano y Carlota, en la cual, debido a la benévola representación de las figuras de los emperadores, los directivos de la empresa fueron reprendidos por el presidente Gustavo Díaz Ordaz, que consideró un peligro el “desvirtuar la historia oficial y provocar desinformación en los telespectadores”. (Terán, 2000, p. 75)
Suponemos que el control sobre los guiones de las siguientes telenovelas de época fue muy estricto, pues tanto Las momias de Guanajuato (1967) como La Constitución (1970), fracasaron en pantalla. Será hasta la realización de Senda de Gloria (1987) cuando el Estado decida contribuir con Televisa a la proyección de la historia en cadena nacional.

La ideología subsistente


El perdurable régimen de un partido único que se valía de la democracia como bandera, evitó por mucho tiempo, que el país alcanzara la estabilidad y se sacudiera la tutela de los militares surgida de la Revolución. El civilismo imperó y controló, en lo posible, el curso de todos los acontecimientos nacionales, permitiendo pequeños espacios a la oposición y manteniendo la flexibilidad necesaria para responder a esos cuestionamientos.
La historiadora Anne Rubenstein atribuye este éxito a las políticas culturales que alentaban la propagación de la ideología revolucionaria y afirma que, a partir de 1930, la historia de México ha sido producto de los conflictos y transacciones entre tres formas culturales: la revolucionaria, con fuertes vínculos con el liberalismo del siglo XIX; la conservadora, arraigada en el catolicismo y la capitalista internacional, creada y transmitida por los medios de comunicación. (Rubenstein, 2004, pp. 25-26) Aunque no encuentra el predominio de ninguna de ellas, sí cree que subsistieron al mismo tiempo, permitiendo a los mexicanos adherirse a cualquiera de éstas cuando era necesario. El Estado se encontraba en conflicto con todas esas formas culturales y, al mismo tiempo, actuaba como mediador de las mismas para conservar así la paz tan anhelada por los gobiernos de antaño.
La presidencia de Miguel de la Madrid brindó a la ideología revolucionaria un nombre de nuevo cuño. La creación del término nacionalismo revolucionario tenía en sus sílabas la síntesis de una idea construida antes y proyectada de forma colectiva. Su fin era seguir leal a las tradiciones y a las costumbres del pueblo, sumadas a un sentido patriótico de la historia de México.
Su nacionalismo se fundamentaba en el sistema democrático, en la cultura, en la educación, en la justicia social y en la historia patria. Una ideología nacional que utilizaba a la Revolución mexicana como un medio más, ya no como el fin último. Por tanto, hacia 1985, en el discurso por el aniversario del 20 de noviembre, De la Madrid dividió los sucesos del pasado en tres acontecimientos principales o revoluciones nacionalistas: la Independencia, la Reforma y la Revolución mexicana, “que han sido los grandes episodios que fundaron, organizaron e impulsaron la formación de nuestra historia. Por ello el nacionalismo revolucionario mexicano es la ideología que sigue conduciendo nuestro destino”. (Suárez, 1992, p. 23)
Durante ese sexenio, se produjo y proyectó la telenovela de época Senda de Gloria, serie televisiva donde se narraban los acontecimientos posteriores a la Revolución. Los gobiernos posrevolucionarios habían sido los creadores de esta ideología, que aún para 1987 imperaba en el país. Apoyar y defender sus principios era la misión de los centros educativos y de medios de comunicación, que estaban obligados a ayudar al Estado. Para controlar la indisciplina del cuarto poder se crearon varios órganos que dependían de diversas secretarías. Entre ellos se encontró la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía (RTC) que se encarga de vigilar el contenido de la programación y de las carteleras cinematográficas.
En la televisión, los empresarios tenían la oportunidad de coproducir junto con algún organismo gubernamental los programas que tuvieran contenido social o histórico, he ahí el por qué el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) participó en la producción de Senda de Gloria. Además, para esa época, la Secretaría de Salud tenía a su cargo la Dirección de Control Sanitario de la Publicidad que se encontraba en estrecha relación con RTC y la Comisión Calificadora de Revistas Ilustradas. La normatividad de estas tres dependencias jamás fue muy clara, pues no se publicó un manual o reglamento que definiera lo que estaba permitido o no; esto hubiera demostrado que la libertad de expresión en realidad tenía sus límites, cosa que atentaba contra la democracia.
Telenovelas como Senda de Gloria ponían de manifiesto todos los principios por los que había luchado el partido en el poder y, al mismo tiempo, contribuían a la educación del pueblo. ¿Cuáles eran los puntos que predominaron en el discurso de la serie? Los directivos de la televisora hacían notar que los gobiernos posrevolucionarios contribuyeron al desarrollo industrial y a la modernización del país. La televisión, a través de las telenovelas de corte histórico, instruían a la población y con ello, en palabras de Víctor Hugo O’Farrill, vicepresidente de producción de Televisa, ayudaban a llevar hacia adelante a México. (Lizaur, 2003, p. 32)
La posibilidad de industrializar al país se hizo, hasta cierto punto, tediosa en la serie, ya que las largas discusiones acerca de la expropiación petrolera, se convirtieron en uno de los puntos álgidos de la trama. De su mano estaba el proceso de modernización, evidente en las imágenes que se ven sobre la ciudad de México, con calles pavimentadas y automóviles. Cuando observamos esas escenas sentimos que los cambios de un siglo a otro fueron vertiginosos, aunque nunca se aclara que ya para ese entonces existían el agua potable, el drenaje y la electricidad. De hecho el público lo da por hecho o ni siquiera lo toma en cuenta. Lo que nos queda claro es que la llegada del teléfono agilizó las comunicaciones, pues su uso es contante en la serie.
Por medio de la trama se justificó el afianzamiento de los valores humanos positivos, que debían ser promovidos, no sólo en ésta, sino en toda la programación de Televisa. La familia fue su mayor representante, al ser considerada el núcleo de la sociedad. En la telenovela se observan dos casos significativos: por un lado, la familia revolucionaria que era personificada por el grupo de la élite política encargada de capacitar a las masas para su posterior dirección del país y, por otro, la familia Álvarez, símbolo de la familia mexicana. Donde sus miembros encarnan las diferentes ideologías que permean dentro de la sociedad.
En tercer lugar encontramos los postulados revolucionarios, que se unen a la creación de las diversas instituciones. Todos ellos son explicados y defendidos en cada momento. De aquí se deriva la formación de la figura presidencial como en la actualidad la conocemos, a través de la imagen de Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, principalmente. Es importante destacar que la sociedad civil estaba descubriendo o recordando que los primeros gobiernos posrevolucionarios eran, en su mayoría, dirigidos por militares. Es por eso que el intento de Cárdenas por “civilizar” el poder, rendiría frutos hasta la llegada de Miguel Alemán a la presidencia de la República. Por su parte, la creación de la Secretaría de Educación Pública y la puesta en marcha de los programas creados por José Vasconcelos, nos hablan de la realización de los principios por los cuales luchó el pueblo y que fueron plasmados en la Constitución de 1917.
El personaje de Manuel Fortuna, interpretado por Eduardo Yañez, es una de las figuras más importantes en la serie. Este hombre adquiere conciencia política y de clase gracias a su alfabetización. Algo ha de tener que ver su apellido con su suerte. Para el gobierno de Miguel de la Madrid, la escolarización representaba una vía de movilidad social que permitía el ascenso económico. Uno de los exponentes de este proceso en las telenovelas eran los profesionistas. En Senda de Gloria, los integrantes de la burocracia posrevolucionaria, vivían de forma decorosa, a diferencia de los hombres y mujeres que realizaban oficios manuales y técnicos. La llave dorada de la instrucción oficial, a la cual se hace constante referencia en la serie, era segura, automática y accesible para todos, (Lizaur, 2003, p. 35) o al menos, eso se decía en los discursos.
¿Qué asuntos fueron tratados con pinzas? Por un lado, la conformación de la democracia. Todos hablaban de la imposición de candidatos y la imposibilidad de manifestar las ideas; sin embargo, nunca se habló claramente del término. El espectador suponía que se estaba conformando y debía presumir que para 1987 ya estaba consolidada pero entonces, ¿por qué estaba prohibido hablar de ella dentro del control de los contenidos televisivos? Blanca de Lizaur nos informa que fue la propia Televisa quien evitaba mencionar el tema, pues se trataba de un cuestión ríspida, que podía molestar a la autoridad. (Lizaur, 2003, p. 38)
Por otro lado encontramos el tema de la religión, misma que tuvo muchos capítulos pero sin compromiso. ¿Cuál era la opinión de la serie respecto al tema religioso? La realidad es que este tipo de argumentos siempre han sido complicados para los medios de comunicación, ya que mientras para la ideología revolucionaria “se relaciona con el fraude, la ignorancia y la pobreza”, (Lizaur, 2003, p. 38) en realidad el pueblo le otorga credibilidad y autoridad moral. Por tanto, la televisora buscó un equilibrio en el que no se afectaran los intereses de nadie en particular, tratando de evitar el profundizar en las narraciones que tuvieran que ver con las guerras cristeras y la relación del poder con el Vaticano.
Todos estos puntos demuestran que, tanto la televisora como los espectadores, se adecuaron a las circunstancias que dictaba el gobierno. Ni el pueblo protestó por la forma, en ocasiones, maniquea del tratamiento de los hechos históricos, ni Televisa dejó de transmitir la serie por causa de alguna falla en el libreto. Lo que se le ordenó, lo hizo; fue así como los capítulos sobre la presidencia de Lázaro Cárdenas no fueron conocidos por el público, pues en palabras del escritor Luis Terán, Carlos Salinas de Gortari, candidato a la presidencia por el Partido Revolucionario Institucional, presionó para que se evitara su exhibición, toda vez que ello podría fortalecer a Cuauhtémoc Cárdenas, su contrincante político. (Terán, 2000, p. 77)

Colofón

Los controles de contenido lograron sostener el poder de la autoridad sobre la sociedad y los medios de comunicación. Por su parte, las telenovelas fueron sus principales propagandistas. Aunque Senda de Gloria representó un progreso en cuanto a lo que se podía y debía decir acerca de la ideología revolucionaria, también contribuyó en gran parte a afianzar la idea oficialista que el público tenía con respecto a la historia patria.
Entonces ¿por qué escoger ese periodo, si ya claramente hablamos de las revoluciones nacionalistas propuestas por Miguel de la Madrid? ¿No hubiera sido más fácil hablar de la gesta revolucionaria? Sabemos que los tres periodos históricos de trascendencia para el gobierno posrevolucionario habían sido llevados a la pantalla por medio de La Tormenta (1967) y La Constitución. ¿Qué faltaba? La consolidación de esos acontecimientos: la historia de los inicios del partido en el poder.
Antes de Calles la idea sobre Revolución era finita; a partir del Maximato se inmortalizó, puesto que adquirió movimiento y flexibilidad. Es por eso que cada sexenio alcanza nuevas connotaciones, porque a partir de 1924, el término revolución forma parte de la institucionalización del país.
Apoyada en la teoría del historiador Guillermo Palacios, que en su texto Calles y la idea oficial de la Revolución Mexicana, indica que ese presidente anuncia la creación de una nueva idea sobre revolución, es decir, un movimiento político que consolida el poder como base inquebrantable para la acción en el presente y su culminación en el futuro, creemos que la Revolución Mexicana entonces se convierte a partir de ese momento en un fundamento y en una forma de gobierno, esto es, en el nacionalismo revolucionario del cual nos habla Miguel de la Madrid en sus discursos sobre los destinos del país.
¿Las telenovelas de época son resultado de la ideología revolucionaria? Definitivamente sí, porque el Estado está encargado de controlar lo que puede o no salir al aire y, por tanto, el público se be influenciado por lo que transmite la televisión y así se logra conservar casi intacta la ideología dominante. La mayor parte de los telespectadores aceptan como verdad lo que ven y escuchan, sobre todo si proviene del aparatito enajenante.


Bibliografía


Alegre, Sergio, (1997) “Películas de ficción y relato histórico”, en Historia, Antropología y Fuentes Orales. No. 18. Voz e Imagen, Barcelona: Universitat de Barcelona, pp. 75-88.
Jackson, Martin A., (1983) “El historiador y el cine”, en Joaquín Romaguera y Estebe Riambau (eds.), La historia y el cine, Barcelona: Fontamara, pp. 13-39.
Lizaur, Blanca de, (2003) “La telenovela y el control de contenidos en la televisión mexicana, desde sus inicios hasta el periodo 1984 a 1985”, en Experiencia Literaria, UNAM, núm. 11, junio, pp. 25-44.
Mazziotti, Nora, (1996) La industria de la telenovela. La producción de ficción en América Latina, Argentina: Paidós.
Orozco Gómez, Guillermo, (2006) “La telenovela en México: ¿De una expresión cultural a un simple producto para la mercadotecnia”, en Comunicación y Sociedad, UdeG, núm. 6, julio-diciembre, pp. 11-35.
Palacios Guillermo, (1973) “Calles y la idea oficial de la Revolución Mexicana”, en Historia Mexicana 87, COLMEX, vol. XXII, núm. 3, enero-marzo, pp. 261-279.
Reyes de la Maza, Luis, (1999) Crónica de la telenovela. México sentimental, México: Clío.
Rosenstone, Robert A., (1997) El pasado en imágenes. El desafío del cine a nuestra idea de la historia, Barcelona: Aries.
Ross, Stanley (ed.), (1972) ¿Ha muerto la Revolución Mexicana?, México: SEP, 2 vols., (SEP/Setentas, 22).
Rubenstein, Anne, (2004) Del Pepín a los agachados. Comic y censura en el México posrevolucionario, México: FCE.
Suárez Gaona, Enrique, (1992) “El final ideológico de la Revolución”, en Jorge Basurto y Aurelio Cuevas (coords.), El fin del proyecto nacional revolucionario, México: IIS-UNAM, pp. 13-25.
Terán, Luis, (2000) Crónica de la telenovela. Lágrimas de explotación. Una aproximación al fenómeno de la telenovela, México, Clío.


Filmografía

Senda de Gloria, (Raúl Araiza, Gustavo Hernández, 1987).
1. Agradezco las puntuales anotaciones de la Dra. Eugenia Walerstein a este texto durante el Seminario de Historia del siglo XX. Sociedad y Cultura. Los usos cinemáticos de la Revolución Mexicana en el posgrado en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.
2. Nora Mazziotti indica que deben ser llamadas telenovelas de época porque se encuentran relacionadas con el género cinematográfico relacionado con la historia. Además podría suscitarse dudas sobre la rigurosidad histórica o la ficción de los hechos y de los personajes al clasificarlas como históricas. (Mazziotti, 1996, p. 143)

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