Tinta rosa sobre papel
Tinta rosa sobre papel
2013-01-21
2013-01-21
Publicado
en: Revista Payaso Procaz. Cultura sin pudor, en el Blog Tinta rosa
sobre papel en http://www.payasoprocaz.com
Uno no sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. Eso decimos todos cuándo sufrimos algún evento que cambia enteramente nuestra vida. Uno lo sabe, lo escucha, lo infiere pero nunca lo entiende hasta que lo vive en carne propia. Eso precisamente me pasó en el momento que recibí la noticia acerca de mi enfermedad y de lo que sería mi vida a partir de ese momento.
Puedo asegurarles que en un principio (y con la vista nublada), miles de cosas me vinieron a la cabeza, pensaba que moriría como el “hombre elefante”, llena de una serie de tumores en la cabeza, que de seguro mi enfermedad era incurable, que quedaría ciega, ¡que mi vida sería un infierno! Y bien… no fue así.
En efecto, sufro de una enfermedad crónico-degenerativa y, hasta la fecha, incurable. Si lo vemos como se lee, la tragedia me perseguiría. Pero el punto tiene más cosas positivas que negativas, ya que encuentras apoyo en las personas menos esperadas, unos por pena y otros por verdadera reciprocidad. La cuestión es que sacas fuerza de los de al lado y sigues adelante gracias a sus brazos.
He de decir que una de las cosas que más me altera es que me pregunten (con cara de entierro) cómo me encuentro, porque siento que están esperando que me suelte a llorar y diga que me encuentro tan mal como si hubiera sido succionada por el trasero de un elefante (cosa que ha pasado) y suelen decepcionarse cuando digo “¡bien!” con una sonrisa. También me molesta que me quieran dar remedios mágicos para “curarme” o que me manden con el doctor Perenganito, que aunque podólogo, sabe sobre el tema. No, en definitiva, los enfermos crónicos no necesitamos compasión, ni remedios mágicos sino espacio y tranquilidad. ¿Ustedes creen que nos gusta traer a colación todo el tiempo el tema? Evidentemente no.
Así es que si conocen a un enfermo (de esos como yo) traten de hablar de cualquier cosa, menos de su padecimiento, al menos (claro está) que ellos quieran tratar el asunto.
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