El Hombre Bala
2012-09-04
2012-09-04
Publicado en: Revista Payaso Procaz, Cultura sin pudor. no. 1, 4 de
septiembre de 2012, http://www.payasoprocaz.com/pag.php?artId=24
por Cecilia Alfaro Gómez
Mi situación es como la de Sabines: mientras él está preocupado por la televisión, a mi me preocupan los jóvenes de este país. Como catedrático me doy cuenta que las deficiencias educativas de antaño y los sinsabores de la juventud actual han hecho que las esperanzas de triunfo y futuro queden guardadas en el cajón más lejano de sus burós.
Mi situación es como la de Sabines: mientras él está preocupado por la televisión, a mi me preocupan los jóvenes de este país. Como catedrático me doy cuenta que las deficiencias educativas de antaño y los sinsabores de la juventud actual han hecho que las esperanzas de triunfo y futuro queden guardadas en el cajón más lejano de sus burós.
Hace semanas, los jóvenes rechazados se unieron a los contingentes del 132 para externar sus demandas; ante la problemática, lo único que se le ocurrió al gobierno fue cubrir el pozo, pues el niño ya se había ahogado. Propuso, a través de la Secretaría de Educación Pública, según palabras del periódico El Universal, abrir 50 mil lugares en las principales universidades públicas y privadas del país.1 Supongo que con cuantiosas becas para el sostenimiento de los estudiantes el tiempo que duren sus estudios, porque de lo contrario pues no veo el caso de sacar a destajo miles de licenciados sin expectativas de trabajo.
Sin embargo, El Universal comentaba que de aquellos 50 mil lugares sólo se otorgaron 10 mil en la Feria de la Educación Superior que se organizó hace un mes por parte de la misma Secretaría. He de ahí por qué como a Sabines, a mi más allá de la televisión, me preocupan los jóvenes de este país, pues representan en estos momentos el mayor número de integrantes de la población. Si a esto le sumamos que la infraestructura de las principales universidades públicas no tienen la capacidad para albergarlos a todos, pues resulta lógico que más de 165 mil jóvenes no hayan podido obtener un lugar en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Y es que la enseñanza superior va más allá del número de lugares que puede ofrecer una institución educativa: también hay que tomar en cuenta el nivel académico de aquellos jóvenes que desean acceder a ella, su permanencia, el gasto que implica su educación para el Estado, las estadísticas de titulación (casi nulas), la oferta laboral y un sinfín de factores más que se juntaron para desatar esta problemática. Pero esto no es nuevo, uno podría imaginar que la situación que vive México en estos momentos ha propiciado una crisis educativa. En realidad se encuentra vigente desde hace siglos y sólo ha cambiado de protagonistas.
Hace tiempo, trabajando para el Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación de la UNAM, formé parte de un seminario de investigación que buscaba publicar una antología sobre la Universidad, por aquello de su cumpleaños. Ese proyecto albergaba una serie de documentos relacionados con la propuesta llevada a cabo en 1910, en la que Justo Sierra proponía unir en una sola institución todas las Escuelas Nacionales, encabezadas, claro está, por la Escuela Nacional Preparatoria. El proyecto, aunque ambicioso, se llevó a cabo y fue uno de los acontecimientos más sobresalientes durante las fiestas del Centenario, patrocinadas ni más ni menos que por el mismísimo Porfirio Díaz.
Dicha iniciativa trajo consigo una serie de críticas en los principales periódicos de la capital. En El Nacional del 2 de noviembre de 1880 se publicó el segundo artículo de la serie titulada “La universidad libre”, donde se criticaba el excesivo consto que implicaba a los padres de familia mantener a un universitario, pues los estudios podían durar entre doce y quince años, tomemos en cuenta que se está contabilizando la instrucción preparatoria dentro de este número. La pregunta que se hace el autor está íntimamente relacionada con las facilidades que existían en la época para poder estudiar a través de becas de gracia que eran nimias, sólo seis u ocho obtenidas al año.
Si a esta falta de apoyo se sumaba el alimento y la casa (no olvidemos que muchos estudiantes venían de fuera), así como el vestido, los libros y la colegiatura, es evidente que pocos jóvenes podían terminar sus estudios en tiempo y forma. Y más cierto no podía ser, pues de las listas de estudiantes que he revisado de la época, el número de inscritos iba disminuyendo año con año. Sin contar los estudiantes que debían dejar sus estudios inconclusos, había otros intermitentes que debido al costo de la vida y a la falta de una beca, iban y venían de un trabajo a otro que les proporcionaba el dinero suficiente para poder continuar su carrera universitaria. Pocos eran los que desde el principio cursaban todas las materias y terminaban a tiempo para salir al mundo de verdad: el laboral.
A esto le sumamos la falta de oportunidades de empleo, que al menos hacia 1908 era el pan nuestro de cada día. El autor de un artículo en el periódico El Popular, indignado, aseguraba que a diario se encontraban universitarios que trataban de cazar al menos un empleo de cincuenta pesos. Nada distinta era esa situación a la que se vive hoy en día, en la que un porcentaje considerable de recién titulados se encuentran a la caza “de lo que sea”, pues los títulos pueden quedar guardados en el baúl de los recuerdo mientras consigan una chamba fija que les de de comer. ¿Inaudito? No, en realidad, la sociedad mexicana se ha dedicado a producir universitarios, pero luego no sabe qué hacer con ellos, pues el abaratar sueldos no es la solución para que todos, absolutamente todos seamos universitarios. De hecho nunca vivimos el sueño idílico de las películas sesenteras donde los jóvenes licenciados salían de la universidad todos unos triunfadores, llenos de expectativas, con puestos directivos, casa y esposa que les llenara de hijos. Eso es sólo una falacia propuesta por un sistema que desea que nos creamos que un título da armas para vivir bien… hoy en día diríamos para sobrevivir.
Referencias
“Instrucción Pública. La Universidad Libre. Artículo segundo”, El Nacional. Periódico de Política, Literatura, Ciencias, Artes, Industria, Agricultura, Minería y Comercio, Editor propietario y director Gonzalo A. Esteva, año I, núm. 50, México, 2 de noviembre de 1880, pp. 2-3.
Nurit Martínez Carballo, “SEP dará espacios y becas a 50 mil 'rechazados', Ciudad de México”, en El Universal, lunes 30 de julio de 2012 (www.eluniversal.com.mx)
“¿Por qué los profesionistas buscan empleo hasta de cincuenta pesos? La paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio”, en El Popular, México, Año XII, 28 de enero de 1908, p. 1.
1 Correa director del Instituto Nacional de la Juventud precisó que de los 50 mil lugares, 10 mil son becas de entre un 20 y un 100 % proporcionadas por la SEP en instituciones públicas y particulares: de las cuales 5 mil corresponden a escuelas privadas, 20 mil destinadas a la Universidad Abierta y a Distancia y 15 mil a institutos tecnológicos.
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