Publicado en: Revista Electrónica Revista Historia Autónoma, Revista multidiciplinaria
de la Asociación Histórica Autónoma, España, Universidad Autónoma de Madrid
/ Asociación Histórica Autónoma, núm. 1, septiembre 2012, 22 pp., ISSN 2254-8726. (www.revistahistoriaautonoma.es)
CECILIA ALFARO
GÓMEZ *
Facultad de
Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México
Fecha de recepción: 15 de agosto
de 2011
Fecha de aceptación: 7 de febrero
de 2012
Fecha de publicación: XXX
Resumen: Durante las primeras décadas del
siglo XX, algunas mujeres fueron partícipes activas en la instauración de la
educación en materia de higiene y salud, divulgando y aplicando los
conocimientos acerca del cuidado materno-infantil de forma masiva. La
periodista Esperanza Velázquez Bringas manifestó un gran interés en pro de los
derechos de los niños y de las mujeres en esta materia, promoviendo un nuevo
modelo de maternidad, en el cual las mexicanas de escasos recursos fuesen
conscientes del papel que desempeñaban dentro de la sociedad.
Palabras clave: Eugenesia, Puericultura,
Políticas materno-infantiles, Maternidad, Feminismo
Abstract: During
the first decades of the 20th century, some women were active participants in
the establishment of the education as for hygiene and health, spreading and
applying the knowledge about the mother-infantile care in a massive form. The
journalist Esperanza Velázquez Bringas demonstrated a great interest in favour
of the rights of the children and the women in this matter, promoting a new
model of maternity, in which the Mexican women with scanty resources were
conscious of the role that they were playing within the society.
Keywords: Eugenics, Puericulture,
Maternal and child care, Maternity, Feminism
A finales del Porfiriato, el
cuidado de la salud significaba civilismo y modernidad. El impulso que recibió
la higiene[1] como
un arma de prevención y combate a las enfermedades, permitió que se fuera
gestando una nueva política que contribuyera al aprendizaje de ciertos
preceptos médicos de forma doméstica. Fueron las madres quienes podían ayudar a
transformar los malos hábitos dentro de los hogares. La percepción que se tenía
sobre la educación femenina dentro del seno familiar, siendo ellas las
encargadas de instruir y cuidar a los niños, ayudó a que tanto los médicos como
los políticos encontraran en la mexicana una aliada a sus propósitos.
Con la aplicación de las
políticas eugénicas[2] durante las primeras
décadas del siglo XX, el Estado emprendió una serie de campañas sanitarias y
educativas enfocadas, principalmente, a los sectores más vulnerables de la
población. En medio de prejuicios raciales y discriminatorios, tanto de clase
como de género, la eugenesia se sustentaba en argumentos científicos con el fin
de perseguir y controlar los llamados ‘males sociales’ de la época, como fueron
considerados, por ejemplo, la prostitución o el alcoholismo.
La
educación en materia de higiene y salud conformó una de esas estrategias,
dándose a conocer a través de las escuelas, o bien, por medio de los medios
masivos de comunicación. Este tipo de propaganda promovía la higiene doméstica
y escolar para que los mexicanos aprendieran a ‘vivir bien’ a través de una ‘perfecta
salud’[3].
Algunas
mujeres participaron activamente en esta tarea, divulgando y aplicando los
conocimientos acerca del cuidado materno-infantil de forma masiva. Un nuevo
modelo de maternidad se fue gestando a lo largo de estas décadas en donde no
sólo era necesario ser una madre consciente del cuidado que debían recibir los
niños, sino que también se tenía que saber aplicar juicios científicos que las
ayudaran a mantener niños sanos y robustos.
1. La editora de los niños
El
Universal, que
había nacido en 1916 con la clara consigna de apoyar los postulados emanados de
la Revolución Mexicana y fortalecer así la reconstrucción económica, social y
jurídica del país, apoyó la política eugénica en algunas de sus páginas. Hacia
1919 se dio a la tarea de publicar una ‘Galería de Niños Robustos’ donde se
invitaba a las madres a enviar retratos de sus hijos que evidenciaran el buen
estado de los infantes mexicanos menores a un año de edad. De esta manera el
periódico contribuiría al estímulo ‘de todos aquellos esfuerzos que tiendan al
mejoramiento de la raza’ y ‘muy especialmente al cuidado y desarrollo de los niños
en los primeros meses’ de vida, pues ‘una infancia que se desarrolla en
condiciones de buena salud, es prometedora de una juventud fuerte, y que una
juventud así no puede menos que garantizar una edad madura exenta de lacras y
propicia a todas las actividades fecundas’ [4].
Finalmente, el anuncio recomendaba que se debían tener hijos robustos, saberlos
cuidar, y vigilar que su desarrollo fuera óptimo en los primeros años.
Apenas unos meses después, el
mismo diario comenzó la publicación de la sección ‘Lecturas para los niños’,
dónde a través de breves artículos se pretendía enseñarles ciencia, moral y
literatura, poniendo énfasis en que los pequeños lectores pudieran aprender a
hacer sencillos experimentos científicos o a identificar virtudes morales
propias de la época. El diario también habría de patrocinar la organización del
Primer Congreso Mexicano del Niño hacia 1921, donde participó la periodista
Esperanza Velázquez Bringas quien, precisamente, había sido la directora de la
sección infantil a la que hacemos referencia y que en 1922 daría a conocer sus
ideas sobre el control de la natalidad ante la Liga ‘Rita Cetina Gutiérrez’ en
la ciudad de Mérida, Yucatán.
La veracruzana Velázquez Bringas
(1899-1980)[5], llegó a la capital del
país a los 18 años para ingresar a la Escuela Nacional de Altos Estudios, donde
tomó una especialización en Literatura y Lengua Castellana[6]. Sus
conocimientos literarios y, en versión de algunos de sus biógrafos, su labor
docente, contribuyeron a que tuviera los requisitos necesarios para que El Universal la contratara como editora
de la sección infantil. Es evidente que por ser mujer no hubiera podido tener a
su cargo otro tipo de columna que no fuera la relacionada con la moda o la
maternidad, como fue el caso. Es posible que la amistad que la unía a los
hermanos Palavicini o su ambición por ser publicada, le proporcionaran un
asenso en 1920, al ser nombrada redactora de El Universal Ilustrado.
Su
amiga, la periodista Adelina Zendejas, cuenta que Velázquez manifestó un gran
interés por defender los derechos de los niños y de las mujeres y que tenía
planeado dar a conocer el por qué de sus alegatos en sus memorias, que nunca
vieron la luz pública a causa de su muerte[7]. Si
hubiéramos tenido acceso a ese documento seguramente incluiría su participación
en el Primer Congreso Mexicano del Niño, realizado por el diario en que laboraba.
Su ponencia, ‘La influencia psíquica materna sobre el niño durante la gestación’,
abogaba por la promoción de los cuidados materno-infantiles entre las mujeres
de escasos recursos.
Es posible que sus ideas sobre la
maternidad consciente, vinculadas a elegir voluntariamente el momento de la
procreación desde una perspectiva eugénica[8],
propiciaran que en el estado de Yucatán, donde residió un tiempo, entrara en
contacto con el grupo de mujeres que apoyaba las políticas sociales del
gobernador Felipe Carrillo Puerto; llevándola a proclamarse en pro del control
de la natalidad como ‘una necesidad a favor del proletariado y de la raza’[9].
Las políticas eugénicas aplicadas
por el Estado a través de la higiene y la puericultura pusieron gran interés en
la relación madre-hijo. Velázquez Bringas promovió esta medidas en tres
momentos específicos. Por un lado, instó a sus pequeños lectores a seguir las
normas de sanidad que iba publicando en la sección infantil de El Universal; por otro lado, se interesó
en el cuidado materno-infantil durante el Congreso del Niño, difundiendo el
modelo de la maternidad consciente y, por último, en su calidad de reformista abogó
por el control de la natalidad como una medida eugénica a favor del
mejoramiento racial. Estos tres tiempos serán analizados a continuación.
2. La puericultura: una contribución a la higiene
infantil
La prensa dirigida a los niños
existe en México desde el siglo XIX; con la intención de educar, los periódicos
infantiles cumplían con la labor de ayudar a las madres a que sus hijos, desde
casa, pudieran aprender o mejorar el manejo de la lectura y/o escritura. A raíz
de la industrialización de la prensa, aquellas publicaciones especializadas[10]
fueron desapareciendo, convirtiéndose en secciones de los diarios de mayor
circulación.
‘Lecturas para los niños’ se
divulgó por vez primera en El Universal
el domingo 15 de marzo de 1919 y desapareció tras el 11 de enero de 1920. Con
una circulación indistinta, que pareció obedecer al tiempo en que los editores
tardaban en su elaboración, ‘Lecturas…’ aparece en la segunda sección del
diario, aquella dedicada a la información cultural. En apenas una página,
acompañada de ilustraciones, historietas y juegos, esta columna carecía de una
división específica, contaba con una tipografía más grande que la del resto del
periódico y estaba escrita beneficiando el uso de los signos de exclamación e
interrogación, lo que según Luz Elena Galván puede atribuirse, en las lecturas
infantiles, a la intención de que pudiera ser leída en voz alta[11].
Su
directora, Esperanza Velázquez Bringas, dio en esta sección un mayor peso a los
conocimientos científicos y a la literatura por encima de otros tópicos. En sus
inicios, ‘Lecturas…’ contuvo artículos sobre temas que iban desde el cómo hacer
caer un ladrillo de un soplo, el porqué de la caída de una pelota al lanzarla
al aire, la historia del oso, de la luna o del silbato y hasta el virtuosismo
de Mozart o la reproducción de las abejas. Sin embargo, conforme más números eran
publicados, Velázquez fue tornando los textos, de simples relatos infantiles, a
breves tratados con corte higiénico y nacionalista.
Aparecieron entonces otros
títulos: un texto de Justo Sierra sobre el continente americano, otro sobre la
patria, un análisis sobre la lengua española, una memorable historieta sobre un
mono que rompe un violín con un hacha (donde se demuestra la superioridad
intelectual del hombre sobre el animal)[12], un
artículo sobre el vicio de fumar (aunque parezca extraño en una publicación
infantil), un estudio fisiológico-geométrico en una caricatura (donde se
muestran las diferencias y similitudes de la genética humana), un tratado sobre
los beneficios que trae al cuerpo el ejercicio al aire libre (escrito por
Velázquez Bringas) o la convocatoria para armar una galería de fotos de niños ‘en
sociedad’, con la intención de enseñarle al infante el arte del ‘savoir vivre’ en perfecta armonía con
sus congéneres y hacer de ellos perfectos ‘gentlemen’.
Esta galería nunca se llevó a cabo, seguramente porque no tuvo respuesta del
público lector.
Dentro
de ‘Lecturas…’ podemos notar que, aparentemente, no existía una diferenciación
de género, pues la autora se dirigía a su público en forma plural; sin embargo,
existían artículos dedicados a las pequeñas lectoras, donde se mostraba cómo
confeccionar ropa para sus juguetes, cómo armar una muñeca de papel o qué tipo
de disfraces debían llevar a las fiestas infantiles. Aunque no es notoria la
división sexual de las lecturas literarias y científicas, sabemos que las pocas
dirigidas exclusivamente a las niñas estaban relacionadas con el papel que a posteriori ocuparían dentro de la
sociedad, es decir, convertirse en madres.
Desde
principios del siglo XX, los científicos pusieron énfasis en el estudio de los
infantes a través de la puericultura[13],
abogando por ‘una actitud en pro de la natalidad, mediada por la selección
biológica’[14]. La historiadora
Alexandra Stern comenta que a partir de los años veinte las aulas escolares se
convirtieron en laboratorios ‘para la medición, clasificación y rastreo de los
niños’[15]. En
los colegios femeninos las prácticas escolares estaban relacionadas con el
cuidado de los hijos, pues las niñas no podían ignorar este tipo de conocimientos.
Los manuales de crianza infantil que eran estudiados en esas instituciones
contaban con consejos útiles para evitar la mortandad infantil que aquejaba a
la población en aquellos días.
El
Departamento de Salubridad y la Secretaría de Educación Pública trabajaron en
conjunto para implementar una serie de programas en contra de este mal, que iban
desde la enseñanza de los fundamentos del aseo personal hasta el aseguramiento
de la salud en generaciones venideras. Se sabía que la mayor parte de los niños
que morían a temprana edad era a causa de las infecciones estomacales. Tan sólo
en 1919 fallecieron 1000 niños entre 0 y 7 años, 405 a causa de enfermedades
gastrointestinales y 309 por males respiratorios[16]. El Servicio
de Higiene Escolar, perteneciente a Salubridad, propagó una serie de medidas
para que las madres de familia dejaran las prácticas empíricas y las malas costumbres
sanitarias que provocaban la pérdida de tantos infantes. Las mujeres se habían
convertido en las principales ejecutantes de estas políticas, poniéndose al
servicio del Estado.
La enseñanza de los preceptos
higiénicos escolares debía ser inculcada a los pupilos por medio de esta nuevas
normas con tintes eugénicos, buscando mejorar la raza a través de la crianza de
generaciones más fuertes que se alimentaran mejor y no se enfermaran. Los únicos
que podían llevar a cabo esta misión eran las mujeres y los médicos; las
primeras aplicando las políticas sanitarias dentro del hogar y, los segundos,
vigilando que se llevaran a cabo.
El
5 de octubre de 1919 fue publicado en ‘Lecturas…’ un artículo titulado ‘Lo que
debe hacer todo buen niño’ en donde se mostraban una serie de medidas y
conductas higiénicas que debían seguir los infantes. En la primera parte, el
texto alude a su cuidado higiénico, con los siguientes versos:
Para
ser fuerte y sano
he
de masticar lento,
y
por la nariz sólo
daré
paso al aliento.
Echaré
atrás los hombros,
erectos
cabeza y pecho;
y
abriré las ventanas
mientras
duerma en mi lecho.
Todo
he de enjabonarme
lavarme
enteramente
luego
frotarme tanto,
que
la piel sienta ardiente.[17]
Esta primera parte refleja la postura
de Velázquez Bringas a favor de una formación higiénica, al hablarnos de la
necesidad de una buena digestión, de mejorar la postura del cuerpo, de
favorecer la sana respiración a través de la ventilación del sitio en que
duerme el infante y de fomentar el baño diario y a fondo, rayando quizá en la
exageración al recomendar que no se debe parar la limpieza sino hasta que se
sienta ardor en la piel. La segunda parte nos habla, como dice la frase, de una mente sana en un cuerpo sano:
No
debo estar ocioso
ni
vagar aburrido
ni
intentar distraerme
con
gritar y hacer ruido.
Jugar
con mis amigos
será
lo más discreto
leer
amenos libros
no
hojearlos inquieto.
Comenzar
una cosa
con
toda idea segura.
Saber
que todo juego
cansa,
si mucho dura.
Amar
las cosas bellas;
obrar
graciosamente;
robustecer
mis miembros
y
enriquecer la mente.
Y
cuando dulce venga
la
noche solitaria
con
fe, no con los labios,
recitar
mi plegaria[18].
A
pesar de que los niños empezaban a ser importantes dentro de la sociedad y de
las políticas del Estado, aun se tenía la idea de que debían pasar casi
desapercibidos en casa sin hacer ruido. Además, era muy mal visto que
estuvieran ociosos, sin realizar actividad alguna que cultivara el espíritu y
la mente; el hábito por la lectura, la religiosidad y el ejercicio harían de
las nuevas generaciones seres de provecho para el México que se venía gestando
tras la lucha revolucionaria.
Leyendo
los versos escritos por Esperanza Velázquez Bringas podemos acercarnos a la primera
etapa de su pensamiento higienista. Como pudimos percatarnos, la autora sugiere
una reforma en los hábitos del niño, a través de una educación sanitaria a fin
de lograr adultos mejores. Seguramente esperaba que sus ‘Lecturas…’ llegaran a
un público, principalmente femenino, que tuviera la posibilidad económica e
intelectual de poner en práctica este tipo de reglas. La maternidad consciente
que promovía a través de su sección estaba enfocada a educar, cuidar y hacer de
sus hijos verdaderos ciudadanos. Apoyándonos en lo propuesto por Claudia
Agostoni respecto a las prácticas higiénicas femeninas, creemos que ‘la
educación higiénica de la mujer, así como la enseñanza que la madre otorgaría a
sus hijos, eran para los médicos e higienistas elementos de suma importancia
para el futuro de la nación’[19].
Sin embargo, lo más importante
del discurso eugénico de Esperanza Velázquez Bringas vendrá después, ya que no
le bastará educar al infante en la casa, sino que buscará que, desde el
embarazo hasta la lactancia, las madres sigan los cuidados indispensables a fin
de lograr un óptimo desarrollo de sus criaturas. En el Primer Congreso Mexicano
del Niño de 1921, la periodista presentará una ponencia que habrá de ser tomada
en cuenta para la formulación de políticas referentes a los cuidados
materno-infantiles.
3. Niños sanos, madres conscientes
El cuidado del niño encontró en El Universal un espacio para su difusión
y promoción, ya fuese dentro de las secciones femenina o infantil, ya a través
de los eventos que el diario organizaba. Las galerías de fotos, los consejos de
puericultura y, principalmente, el Primer Congreso del Niño son algunos de los
esfuerzos que la dirección del periódico encaminó a su plena realización. El
último de éstos tuvo una importancia tal, que las noticias a su respecto
merecieron la primera plana durante la semana que duró. Se dividió en seis
secciones: enseñanza, legislación, higiene infantil, eugenesia, pediatría
médica y pediatría quirúrgica.
Los principales puntos a tratar
en el programa en materia eugénica e higiénica fueron el auspicio económico y
alimentario para madres solteras, las guarderías para hijos de mujeres
trabajadoras, el aprendizaje de hábitos de higiene en la escuela y el hogar, la
implementación de la puericultura intrauterina que se ocuparía de los infantes
antes, durante y después del embarazo (tal y como lo hace hoy en día la
perinatología), la creación de instituciones de apoyo a la maternidad como ‘La
gota de leche’ y la institucionalización de desayunos escolares.
En su inauguración, el director
de El Universal, Félix Palavicini, se
preocupó por enfatizar que, tanto las clases dirigentes como los científicos e
intelectuales, debían unirse con el objeto de pensar en el ‘germen fecundo de
la raza’[20], demostración futura de
la fuerza y salud moral del país. Debían buscarse soluciones conjuntas para los
mexicanos, por el bien de la patria y de la humanidad. Por su parte, el doctor
Salvador Uribe y Rivera, secretario del Congreso, proponía el prevenir las
enfermedades y el desorden social, luchando en contra de los niños delincuentes
y del analfabetismo.
A través de estos discursos se
evidenciaba la perspectiva política que fue adoptando el régimen
posrevolucionario respecto a la niñez mexicana, subrayando que el atraso
nacional no sólo se debía a la falta de cultura de la mayoría de los mexicanos,
sino que también a los defectos propios de su raza. Aunque el Congreso se vio
anegado de opiniones médicas, que en palabras de Ernesto Aréchiga tuvieron un
contenido ‘clasista, machista y eugénico’[21], puesto
que se encontraba enfocado a resolver la problemática que significaba para esos
momentos la ignorancia sanitaria de los grupos populares. Los congresistas
asumieron un papel paternalista al tratar de imponer una serie de normas
educativas, higiénicas y de conducta entre dichos sectores. Estos hombres se dieron
a la tarea de señalar el rumbo a seguir en cuanto al cuidado de los infantes,
asumiéndose como protectores de los futuros ciudadanos.
Asimismo, también encontraron dentro
del Congreso un espacio algunas cuantas mujeres que dieron a conocer sus
propios puntos de vista. Es interesante destacar que la mayor parte de ellas
eran maestras que expusieron sus propuestas en la sección de enseñanza. Hasta
el momento no existe un estudio que aborde la intervención de las mujeres en el
Congreso y, por falta de tiempo, en este trabajo no podremos ahondar en el tema,
pero sí es posible indicar que casi ninguna de ellas llegó a manifestar grandes
desavenencias respecto a lo expuesto por los varones, sobre todo si pensamos que
el tema principal del evento estaba relacionado con los cuidados infantiles.
Más bien, sus participaciones complementaron las de sus compañeros.
Dentro
de este pequeño grupo, no más de 17 participantes, encontramos a Esperanza
Velázquez Bringas, la cual tuvo un reconocimiento especial por haber intervenido
en las discusiones sobre eugenesia, lo que le valió elogios como aquel que le
brindó el profesor Isaac Ochotorena por considerarla la primera mujer mexicana
que se había ocupado de un asunto ‘tan científico y tan nuevo, como era la
eugenesia, y haber establecido postulados que habían originado discusión tan
interesante’[22]. La participación
femenina en este tipo de políticas creadas por el Estado no sólo tuvo cabida
dentro de los hogares, como pudimos observar en el apartado anterior, sino
también, aunque en menor número, dentro de la reforma social como constructoras
de la nación.
En
su ponencia ‘La influencia psíquica materna sobre el niño durante la gestación’,
Velázquez Bringas aborda el tema de la herencia experimental, afirmando que las
emociones, los estados psíquico-depresivos, las neurosis y demás trastornos
psíquico-cerebrales que sufrían las mujeres embarazadas, repercutían en el feto
y que al nacer, se convertían en desequilibrios y degeneraciones. Por ello, y
apoyada en la puericultura intrauterina, proponía el establecimiento de una Casa
de Maternidad en donde las madres solteras más desprotegidas pudieran
permanecer meses antes y después del alumbramiento, asegurándose así el
perfecto desarrollo físico del niño desde su gestación. Agregaba que esta casa
debía ser también sede de un taller-escuela donde se llevaran a cabo
actividades industriales para crear el hábito del trabajo en las madres y cuyos
productos, al ser vendidos, ayudaran al sostenimiento de la institución. A su
vez, se les orientaría en los principios básicos de la puericultura a fin de
fomentar en ellas sentimientos éticos e ideas estéticas respecto al cuidado de
las criaturas.
La
mayor parte de las conclusiones del Coloquio expuestas en acta, fueron llevadas
a cabo en los siguientes años. Alexandra Stern y Claudia Agostoni afirman que
en 1922 se creó el primer Centro Higiénico Infantil[23], que
otorgaba consultas médicas a las embarazadas y a los niños menores de dos años
y enseñaba puericultura e higiene dentro de sus instalaciones y en los hogares,
a través de las enfermeras visitadoras[24]. Estas
clínicas se encargaban, más que de prevenir, de combatir la mortalidad
infantil. Es posible que la Casa de Maternidad propuesta por Velázquez Bringas diera
sus frutos en estos Centros, que conjuntaban la atención y el cuidado de las
madres y los niños.
Ahora
bien, tanto la institución propuesta por Velázquez como el centro infantil
creado en 1922, apuntaban a que los servicios fueran dados a mujeres de escasos
recursos. En su ponencia, Esperanza indica que esta casa estaría dedicada a la
protección de las mujeres más vulnerables, como lo eran las madres solteras y
pobres, pues ‘cuando la unidad de la familia falta, o cuando el matrimonio está
formado por personas indigentes, la mujer está expuesta a todas las
alteraciones de la personalidad y por consiguiente, la vida del niño está en
todos conceptos más amenazada’[25]. Su
propósito era darle cobijo a esas madres para que las nuevas generaciones
nacieran más sanas, tanto física como moralmente.
A
través de su discurso vemos como Velázquez Bringas toma el papel de madre
social al intentar ayudar a sus congéneres menos favorecidas. A través de un
discurso de clase, ella, una mujer educada, de clase media y sin hijos, se
sentía en la obligación de ayudar y de imponer valores, no sólo a otras
mujeres, sino también a la misma construcción del Estado posrevolucionario.
Su
discurso se sustentaba en el sostenimiento del hogar a toda costa, en la procreación
de niños sanos y en el mejoramiento de la raza, apelando a las fuerzas que, según
su opinión, dignificaban a la sociedad: el trabajo de las obreras que no
contaban con los recursos suficientes para quedarse en casa y el amor a unos
niños sanos y educados. Sin duda, el pensamiento eugénico e higienista de
Velázquez Bringas en estos momentos, estaba enfocado a la procuración de la
clase más desprotegida de la nación: los trabajadores. Alcanzar el mejoramiento
de los hijos de éstos contribuiría al engrandecimiento de la patria y a los
fines ulteriores de la Revolución, con los cuales concordaba la periodista.
Esperanza
Velázquez Bringas fue una de esas mujeres que formó parte activa del proyecto
de reconstrucción después de la Revolución Mexicana, promocionando las
prácticas higiénicas entre los niños, proponiendo la institucionalización de
los cuidados materno-infantiles y abogando a favor del control de la natalidad como
uno de los derechos de las mujeres.
4. El control de la natalidad, ¿obligación ciudadana?
En 1922, ante la liga feminista ‘Rita
Cetina Gutiérrez’, Velázquez Bringas pronunció un discurso donde exponía sus
ideas respecto al control de la natalidad. Con un claro tono eugénico el
escrito indicaba que esta medida permitiría hacer una selección de los
individuos próximos a nacer en pro del bienestar de la raza mexicana[26]. El
debate que se desató en torno a este tema, buscaba la transformación de las
costumbres y de los hábitos relacionados con la maternidad y el cuidado de los
niños.
Las
nuevas políticas eugénicas ayudaron a promover este tipo de controversias, pues
dentro de la esfera científica se hablaba de limitar la natalidad de los ‘indeseables’,
para lo cual ‘se puso en marcha un proyecto de ‘ingeniería social’ de corte
médico-higiénico cuyo propósito fue mejorar la calidad genética de la población’[27], instaurándose
una serie de medidas que controlaban las prácticas sexuales de las mujeres, como
fue el caso del examen prenupcial o las campañas antivenéreas.
Estas
nuevas políticas públicas beneficiaron la salud materno-infantil mediante la
difusión de la ginecología y la puericultura, abriendo espacios de discusión para
temas relacionados con la educación sexual, la maternidad responsable, el
aborto y la anticoncepción, donde las feministas y las mujeres de ideas
conservadoras encontraron cabida. Sin embargo, este tipo de medidas inspiradas
en las prácticas eugénicas, supeditaron la posición de las mujeres al ámbito
doméstico y social y dieron un nuevo sentido a la moralidad que circunscribía
la sexualidad femenina al matrimonio y la procreación.
En
la propuesta de Velázquez, se buscaba apoyar a las familias de escasos recursos
económicos mediante el control de la natalidad, puesto que la mayor parte de
estas tenían más de cinco hijos que no podían alimentar, ni educar
correctamente. Su idea era ‘restringir’ el número de niños para que ‘el
producto sea bueno’[28], es
decir, para procrear hijos sanos y robustos que mejoraran la raza. Su discurso
estaba enfocado a la clase proletaria; así como deseaba contribuir al cuidado
de las mujeres solteras y pobres durante el embarazo en el Congreso del Niño,
aquí su interés estaba relacionado con el número de niños que estas mujeres, en
su mayoría trabajadoras, podían criar y mantener.
Es
evidente que de un año a otro las políticas eugénicas seguían dominando sus
pensamientos, pero esta vez no sólo estaba realizando una propuesta médica,
sino que también había incluido en su discurso la propuesta de modernización y
moralización de la sociedad, pues creía que las mujeres debían dejar de ser ‘incubadoras’
para convertirse en madres conscientes que decidieran cuando tenerlos y bajo
qué condiciones económicas y educativas criarlos. En palabras de Sara Buck,
Velázquez se presentaba como una reformadora social y constructora del Estado
nacional que apelaba en pro de una nueva visión de la familia y de los papeles
asignados a cada género[29].
5. Consideraciones finales
Durante la etapa
posrevolucionaria se llevó a cabo una redefinición del prototipo de feminidad
imperante durante el Porfiriato; el ‘ángel del hogar’ se transformó en la ‘mujer
moderna’ que, a través de la instrucción, aprendería a ser una mejor madre.
Esta mujer se convirtió en pieza clave en el cuidado científico de los niños y
constituyó un elemento indispensable en la elaboración de las nacientes políticas
dirigidas a satisfacer las necesidades de los infantes. Su principal función
consistió en cooperar con el Estado en su implementación.
Esperanza Velázquez Bringas
fungía como representante de ambos sectores, ya que como periodista y
funcionaria pública fue promotora de esas medidas y, al mismo tiempo, como
integrante de la sociedad, receptora. Su intervención como madre social, al no
tener descendencia, le permitió avocarse al cuidado de los hijos de otras
mujeres, promoviendo mejores condiciones de salud e higiene para ellos. Este
eugenismo social, como lo llama Mary Nash, la obligó a desarrollar una
maternidad consciente que le permitió decidir si deseaba o no procrear. Es
posible que este poder de decisión la haya instado a apoyar las medidas en
favor de la anticoncepción.
Probablemente en la eugenesia encontró
un cobijo para poder defender sus ideas respecto al papel que ocupaban las
mujeres en la sociedad, y ya que ella no desempeñaba un rol tradicional,
entonces debía contribuir a la nación como agente del progreso y el
mejoramiento racial. En un primer momento, como periodista divulgó la higiene
infantil, adoctrinando a las demás mujeres como madres a través de la
puericultura; en un segundo momento se preocupó por el cuidado materno-infantil
durante el embarazo, al proteger a las mujeres trabajadoras de escasos recursos
para que mejoraran sus condiciones de vida y clase. En un tercer momento, como
feminista, vio a la maternidad como una función enaltecedora y natural que
pretendió mejorar, mas no modificar. Creía que este tipo de feminidad estaba
predestinada y era la esencia de la condición de género, por tanto la promoción
del control de la natalidad, en su caso, constituyó una campaña diseñada para alcanzar
espacios públicos en los que pudiera expresar y poner en práctica su propia visión
de lo que una mujer debía ser dentro de la sociedad mexicana.
*
Agradezco los puntuales comentarios que realizó a este trabajo la doctora
Gabriela Cano, durante el seminario de historia de género de la división de
posgrado de la UNAM.
[1] El doctor
Luis E. Ruíz, uno de los principales higienistas del Porfiriato, definía a esta
parte de la medicina como ‘el arte científico de conservar la salud y aumentar
el bienestar’. Con el paso de los años este estudio se convirtió en una
herramienta de las políticas eugénicas que promovió el Estado. Núñez, Fernanda,
‘Los secretos para un feliz matrimonio. Género y sexualidad en la segunda mitad
del siglo XIX’, en Estudios de historia
moderna y contemporánea de México, 33 (2007), p. 12.
[2]
Política médico-higiénica nacida en Europa a finales del siglo XIX y que estaba
enfocada a la potencialización genética de los seres humanos, si bien llegó a
México desde el Porfiriato, tuvo su verdadero auge en el periodo
posrevolucionario.
[3]
Aréchiga Córdoba, Ernesto. ‘Educación, propaganda o ‘dictadora sanitaria’.
Estrategias discursivas de higiene y salubridad públicas en el México
posrevolucionario, 1917-1945’, en Estudios
de historia moderna y contemporánea de México, 33, (2007), p. 70.
[4] ‘Galería
de niños robustos’. El Universal. Diario
Político de la Mañana, 26 de enero de 1919, primera plana.
[5] Existe una gran
cantidad de material sobre la vida de Esperanza Velázquez Bringas; sin embargo,
no hay un estudio verdaderamente serio que englobe su participación en la
esfera pública y su abundante trabajo. En las referencias de este trabajo el
lector encontrará todas las obras biográficas que pude recopilar sobre el
personaje.
[6]
Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México- Escuela
Nacional de Altos Estudios (AHUNAM-ENAE). Dirección. Secretaría. Alumnos.
Inscripciones, caja 45, exp. 0840, 1917, 91 fs.
[7] Yolia [Adelina Zendejas]. ‘Esperanza Velázquez
Bringas’. El Día. Vocero del Pueblo
Mexicano, 20 de mayo de 1980, p. 7.
[8] A principios del siglo XX hubo una redefinición del
cometido social de la maternidad, durante la cual se intentó profesionalizar
dicha actividad, aplicando criterios higiénicos y sanitarios en el cuidado de
los niños. El concepto de maternidad
consciente fue utilizado como un medio para mejorar las condiciones
femeninas y garantizar de forma eugénica a las generaciones futuras,
convirtiendo a la procreación de la especie en la tarea más importante que desempeñaban
las mujeres, Mary Nash. ‘Maternidad, maternología y reforma eugénica en España,
1900-1939’, en Duby, Georges y Michelle Perrot, Historia de las mujeres. El siglo XX, México, Taurus, 2001, pp. 699-703.
[9]Buck, Sarah
A., ‘El control de la natalidad y el día de la madre: política feminista y reaccionaria
en México, 1922-1923’ en Signos
Históricos, 5 (2001), p. 10.
[10] A
partir de 1860 el número de publicaciones infantiles fue en aumento debido a
que los intelectuales estaban interesados en ‘generalizar la instrucción en
todos los niveles sociales’. Esto provocó que a partir de ese momento
aparecieran una serie de revistas con títulos muy sugerentes, entre las que
encontramos el Nuevo Almanaque del Niño
y el Diario de la Infancia de 1864,
el Ángel de la Guarda, El Obrero del Porvenir y el Semanario para la Niñez Desvalida de
1870, El álbum de los niños de 1871, El Correo de los Niños de 1872, la Biblioteca de los Niños de 1874 y El mosaico literario epistolar de 1878. Luz
Elena Galván de Terrazas, ‘El álbum de los niños. Un periódico del siglo XIX’, Revista Mexicana de Investigación Educativa,
3 (1988), p. 303.
[11] Ibídem, p. 304.
[12] En
el siguiente número, el mono, de nombre Tití, pretende atravesar un lago
pisando piedras; pisa por error la cabeza de un cocodrilo y éste, sin más
preámbulos, lo devora.
[13]
Según el doctor frances Adolfo Pinard, la puericultura era el conjunto de
medios propios para asegurar la procreación, el nacimiento y el desarrollo de
los niños sanos y vigorosos. Pinard, Adolphe, La puericultura de la primera edad. Alimentación, vestido, higiene,
Traducido por Rafael Carrillo, México, Tipografía Económica, 1906, p. 1.
[14] Stern, Alexandra, Madres conscientes y niños normales: La
eugenesia y el nacionalismo en el México posrevolucionario, 1920-1940,
México, COLMICH / UMSNH, 2002, p. 295.
[15] Ídem.
[16] González, Juan M., Guía
para la crianza e historia del niño por el dr Juan M. González, México, Imprenta
Estudio, 1919, p. 227.
[17] Velázquez Bringas, Esperanza. ‘Lo que debe hacer todo
niño bueno’. El Universal. 5 de
octubre de 1919, p. 16.
[18] Ídem.
[19] Agostoni, Claudia, ‘Discurso médico, cultura
higiénica y mujer en la ciudad de México al cambio de siglo (XIX-XX)’en Estudios
Mexicanos, 18 (2006), p. 16.
[20] ‘La
inauguración del Congreso del Niño. Será libre la entrada y se invita al
público a concurrir al acto’. El
Universal, 2 de enero de 1921, primera plana.
[21] Aréchiga
Córdoba, Ernesto. ‘Educación, propaganda o...’, op. cit.,
p. 77.
[22] ‘Fue
fecunda ayer la labor del Congreso Mexicano del Niño. Un resumen de los
interesantes trabajos presentados y que deben leer todos los padres de familia’.
El Universal, 6 de enero de 1921, p.
4.
[23]
Hacia 1929 ya eran cinco los centros tan sólo en la capital.
[24] Agostoni,
Claudia. ‘Las mensajeras de la Salud. Enfermeras visitadoras en la ciudad de
México durante la década de los 1920’, en Estudios
de historia moderna y contemporánea de México, 33 (2007), p. 106; Stern, Alexandra, Madres
conscientes y… op cit, p. 301.
[25]Memorias del Primer Congreso Mexicano del Niño, patrocinado por ‘El
Universal’. México,
El Universal, 1921, p. 39.
[26] A. Buck,
Sarah. ‘El control de la natalidad...’, op. cit., p. 18.
[27]
Urías Horcasitas, Beatriz, Historias
secretas del racismo en México (1920-1950), México, Tusquets, 2007, p. 308.
[28] Buck, Sarah A., ‘El
control de la natalidad…’, op cit, p.
10.
[29] Ibídem, pp. 12-13.

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