miércoles, 3 de octubre de 2012

PUERICULTURA, HIGIENE Y CONTROL NATAL. LA VISIÓN DE ESPERANZA VELÁZQUEZ BRINGAS SOBRE EL CUIDADO MATERNO-INFANTIL EN MÉXICO, 1919-1922





Publicado en: Revista Electrónica Revista Historia Autónoma, Revista multidiciplinaria de la Asociación Histórica Autónoma, España, Universidad Autónoma de Madrid / Asociación Histórica Autónoma, núm. 1, septiembre 2012, 22 pp., ISSN 2254-8726. (www.revistahistoriaautonoma.es)

CECILIA ALFARO GÓMEZ*
Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Nacional Autónoma de México

Fecha de recepción: 15 de agosto de 2011
Fecha de aceptación: 7 de febrero de 2012
Fecha de publicación: XXX


Resumen: Durante las primeras décadas del siglo XX, algunas mujeres fueron partícipes activas en la instauración de la educación en materia de higiene y salud, divulgando y aplicando los conocimientos acerca del cuidado materno-infantil de forma masiva. La periodista Esperanza Velázquez Bringas manifestó un gran interés en pro de los derechos de los niños y de las mujeres en esta materia, promoviendo un nuevo modelo de maternidad, en el cual las mexicanas de escasos recursos fuesen conscientes del papel que desempeñaban dentro de la sociedad.

Palabras clave: Eugenesia, Puericultura, Políticas materno-infantiles, Maternidad, Feminismo

Abstract: During the first decades of the 20th century, some women were active participants in the establishment of the education as for hygiene and health, spreading and applying the knowledge about the mother-infantile care in a massive form. The journalist Esperanza Velázquez Bringas demonstrated a great interest in favour of the rights of the children and the women in this matter, promoting a new model of maternity, in which the Mexican women with scanty resources were conscious of the role that they were playing within the society.

Keywords: Eugenics, Puericulture, Maternal and child care, Maternity, Feminism




A finales del Porfiriato, el cuidado de la salud significaba civilismo y modernidad. El impulso que recibió la higiene[1] como un arma de prevención y combate a las enfermedades, permitió que se fuera gestando una nueva política que contribuyera al aprendizaje de ciertos preceptos médicos de forma doméstica. Fueron las madres quienes podían ayudar a transformar los malos hábitos dentro de los hogares. La percepción que se tenía sobre la educación femenina dentro del seno familiar, siendo ellas las encargadas de instruir y cuidar a los niños, ayudó a que tanto los médicos como los políticos encontraran en la mexicana una aliada a sus propósitos.
Con la aplicación de las políticas eugénicas[2] durante las primeras décadas del siglo XX, el Estado emprendió una serie de campañas sanitarias y educativas enfocadas, principalmente, a los sectores más vulnerables de la población. En medio de prejuicios raciales y discriminatorios, tanto de clase como de género, la eugenesia se sustentaba en argumentos científicos con el fin de perseguir y controlar los llamados ‘males sociales’ de la época, como fueron considerados, por ejemplo, la prostitución o el alcoholismo.
  La educación en materia de higiene y salud conformó una de esas estrategias, dándose a conocer a través de las escuelas, o bien, por medio de los medios masivos de comunicación. Este tipo de propaganda promovía la higiene doméstica y escolar para que los mexicanos aprendieran a ‘vivir bien’ a través de una ‘perfecta salud’[3].
  Algunas mujeres participaron activamente en esta tarea, divulgando y aplicando los conocimientos acerca del cuidado materno-infantil de forma masiva. Un nuevo modelo de maternidad se fue gestando a lo largo de estas décadas en donde no sólo era necesario ser una madre consciente del cuidado que debían recibir los niños, sino que también se tenía que saber aplicar juicios científicos que las ayudaran a mantener niños sanos y robustos.


1. La editora de los niños

El Universal, que había nacido en 1916 con la clara consigna de apoyar los postulados emanados de la Revolución Mexicana y fortalecer así la reconstrucción económica, social y jurídica del país, apoyó la política eugénica en algunas de sus páginas. Hacia 1919 se dio a la tarea de publicar una ‘Galería de Niños Robustos’ donde se invitaba a las madres a enviar retratos de sus hijos que evidenciaran el buen estado de los infantes mexicanos menores a un año de edad. De esta manera el periódico contribuiría al estímulo ‘de todos aquellos esfuerzos que tiendan al mejoramiento de la raza’ y ‘muy especialmente al cuidado y desarrollo de los niños en los primeros meses’ de vida, pues ‘una infancia que se desarrolla en condiciones de buena salud, es prometedora de una juventud fuerte, y que una juventud así no puede menos que garantizar una edad madura exenta de lacras y propicia a todas las actividades fecundas’ [4]. Finalmente, el anuncio recomendaba que se debían tener hijos robustos, saberlos cuidar, y vigilar que su desarrollo fuera óptimo en los primeros años.
Apenas unos meses después, el mismo diario comenzó la publicación de la sección ‘Lecturas para los niños’, dónde a través de breves artículos se pretendía enseñarles ciencia, moral y literatura, poniendo énfasis en que los pequeños lectores pudieran aprender a hacer sencillos experimentos científicos o a identificar virtudes morales propias de la época. El diario también habría de patrocinar la organización del Primer Congreso Mexicano del Niño hacia 1921, donde participó la periodista Esperanza Velázquez Bringas quien, precisamente, había sido la directora de la sección infantil a la que hacemos referencia y que en 1922 daría a conocer sus ideas sobre el control de la natalidad ante la Liga ‘Rita Cetina Gutiérrez’ en la ciudad de Mérida, Yucatán.
La veracruzana Velázquez Bringas (1899-1980)[5], llegó a la capital del país a los 18 años para ingresar a la Escuela Nacional de Altos Estudios, donde tomó una especialización en Literatura y Lengua Castellana[6]. Sus conocimientos literarios y, en versión de algunos de sus biógrafos, su labor docente, contribuyeron a que tuviera los requisitos necesarios para que El Universal la contratara como editora de la sección infantil. Es evidente que por ser mujer no hubiera podido tener a su cargo otro tipo de columna que no fuera la relacionada con la moda o la maternidad, como fue el caso. Es posible que la amistad que la unía a los hermanos Palavicini o su ambición por ser publicada, le proporcionaran un asenso en 1920, al ser nombrada redactora de El Universal Ilustrado.
  Su amiga, la periodista Adelina Zendejas, cuenta que Velázquez manifestó un gran interés por defender los derechos de los niños y de las mujeres y que tenía planeado dar a conocer el por qué de sus alegatos en sus memorias, que nunca vieron la luz pública a causa de su muerte[7]. Si hubiéramos tenido acceso a ese documento seguramente incluiría su participación en el Primer Congreso Mexicano del Niño, realizado por el diario en que laboraba. Su ponencia, ‘La influencia psíquica materna sobre el niño durante la gestación’, abogaba por la promoción de los cuidados materno-infantiles entre las mujeres de escasos recursos.
Es posible que sus ideas sobre la maternidad consciente, vinculadas a elegir voluntariamente el momento de la procreación desde una perspectiva eugénica[8], propiciaran que en el estado de Yucatán, donde residió un tiempo, entrara en contacto con el grupo de mujeres que apoyaba las políticas sociales del gobernador Felipe Carrillo Puerto; llevándola a proclamarse en pro del control de la natalidad como ‘una necesidad a favor del proletariado y de la raza’[9].
Las políticas eugénicas aplicadas por el Estado a través de la higiene y la puericultura pusieron gran interés en la relación madre-hijo. Velázquez Bringas promovió esta medidas en tres momentos específicos. Por un lado, instó a sus pequeños lectores a seguir las normas de sanidad que iba publicando en la sección infantil de El Universal; por otro lado, se interesó en el cuidado materno-infantil durante el Congreso del Niño, difundiendo el modelo de la maternidad consciente y, por último, en su calidad de reformista abogó por el control de la natalidad como una medida eugénica a favor del mejoramiento racial. Estos tres tiempos serán analizados a continuación.


2. La puericultura: una contribución a la higiene infantil

La prensa dirigida a los niños existe en México desde el siglo XIX; con la intención de educar, los periódicos infantiles cumplían con la labor de ayudar a las madres a que sus hijos, desde casa, pudieran aprender o mejorar el manejo de la lectura y/o escritura. A raíz de la industrialización de la prensa, aquellas publicaciones especializadas[10] fueron desapareciendo, convirtiéndose en secciones de los diarios de mayor circulación.
‘Lecturas para los niños’ se divulgó por vez primera en El Universal el domingo 15 de marzo de 1919 y desapareció tras el 11 de enero de 1920. Con una circulación indistinta, que pareció obedecer al tiempo en que los editores tardaban en su elaboración, ‘Lecturas…’ aparece en la segunda sección del diario, aquella dedicada a la información cultural. En apenas una página, acompañada de ilustraciones, historietas y juegos, esta columna carecía de una división específica, contaba con una tipografía más grande que la del resto del periódico y estaba escrita beneficiando el uso de los signos de exclamación e interrogación, lo que según Luz Elena Galván puede atribuirse, en las lecturas infantiles, a la intención de que pudiera ser leída en voz alta[11].
  Su directora, Esperanza Velázquez Bringas, dio en esta sección un mayor peso a los conocimientos científicos y a la literatura por encima de otros tópicos. En sus inicios, ‘Lecturas…’ contuvo artículos sobre temas que iban desde el cómo hacer caer un ladrillo de un soplo, el porqué de la caída de una pelota al lanzarla al aire, la historia del oso, de la luna o del silbato y hasta el virtuosismo de Mozart o la reproducción de las abejas. Sin embargo, conforme más números eran publicados, Velázquez fue tornando los textos, de simples relatos infantiles, a breves tratados con corte higiénico y nacionalista.
Aparecieron entonces otros títulos: un texto de Justo Sierra sobre el continente americano, otro sobre la patria, un análisis sobre la lengua española, una memorable historieta sobre un mono que rompe un violín con un hacha (donde se demuestra la superioridad intelectual del hombre sobre el animal)[12], un artículo sobre el vicio de fumar (aunque parezca extraño en una publicación infantil), un estudio fisiológico-geométrico en una caricatura (donde se muestran las diferencias y similitudes de la genética humana), un tratado sobre los beneficios que trae al cuerpo el ejercicio al aire libre (escrito por Velázquez Bringas) o la convocatoria para armar una galería de fotos de niños ‘en sociedad’, con la intención de enseñarle al infante el arte del ‘savoir vivre’ en perfecta armonía con sus congéneres y hacer de ellos perfectos ‘gentlemen’. Esta galería nunca se llevó a cabo, seguramente porque no tuvo respuesta del público lector.
  Dentro de ‘Lecturas…’ podemos notar que, aparentemente, no existía una diferenciación de género, pues la autora se dirigía a su público en forma plural; sin embargo, existían artículos dedicados a las pequeñas lectoras, donde se mostraba cómo confeccionar ropa para sus juguetes, cómo armar una muñeca de papel o qué tipo de disfraces debían llevar a las fiestas infantiles. Aunque no es notoria la división sexual de las lecturas literarias y científicas, sabemos que las pocas dirigidas exclusivamente a las niñas estaban relacionadas con el papel que a posteriori ocuparían dentro de la sociedad, es decir, convertirse en madres.
  Desde principios del siglo XX, los científicos pusieron énfasis en el estudio de los infantes a través de la puericultura[13], abogando por ‘una actitud en pro de la natalidad, mediada por la selección biológica’[14]. La historiadora Alexandra Stern comenta que a partir de los años veinte las aulas escolares se convirtieron en laboratorios ‘para la medición, clasificación y rastreo de los niños’[15]. En los colegios femeninos las prácticas escolares estaban relacionadas con el cuidado de los hijos, pues las niñas no podían ignorar este tipo de conocimientos. Los manuales de crianza infantil que eran estudiados en esas instituciones contaban con consejos útiles para evitar la mortandad infantil que aquejaba a la población en aquellos días.
  El Departamento de Salubridad y la Secretaría de Educación Pública trabajaron en conjunto para implementar una serie de programas en contra de este mal, que iban desde la enseñanza de los fundamentos del aseo personal hasta el aseguramiento de la salud en generaciones venideras. Se sabía que la mayor parte de los niños que morían a temprana edad era a causa de las infecciones estomacales. Tan sólo en 1919 fallecieron 1000 niños entre 0 y 7 años, 405 a causa de enfermedades gastrointestinales y 309 por males respiratorios[16]. El Servicio de Higiene Escolar, perteneciente a Salubridad, propagó una serie de medidas para que las madres de familia dejaran las prácticas empíricas y las malas costumbres sanitarias que provocaban la pérdida de tantos infantes. Las mujeres se habían convertido en las principales ejecutantes de estas políticas, poniéndose al servicio del Estado.
La enseñanza de los preceptos higiénicos escolares debía ser inculcada a los pupilos por medio de esta nuevas normas con tintes eugénicos, buscando mejorar la raza a través de la crianza de generaciones más fuertes que se alimentaran mejor y no se enfermaran. Los únicos que podían llevar a cabo esta misión eran las mujeres y los médicos; las primeras aplicando las políticas sanitarias dentro del hogar y, los segundos, vigilando que se llevaran a cabo.
  El 5 de octubre de 1919 fue publicado en ‘Lecturas…’ un artículo titulado ‘Lo que debe hacer todo buen niño’ en donde se mostraban una serie de medidas y conductas higiénicas que debían seguir los infantes. En la primera parte, el texto alude a su cuidado higiénico, con los siguientes versos:

Para ser fuerte y sano
he de masticar lento,
y por la nariz sólo
daré paso al aliento.
Echaré atrás los hombros,
erectos cabeza y pecho;
y abriré las ventanas
mientras duerma en mi lecho.
Todo he de enjabonarme
lavarme enteramente
luego frotarme tanto,
que la piel sienta ardiente.[17]

Esta primera parte refleja la postura de Velázquez Bringas a favor de una formación higiénica, al hablarnos de la necesidad de una buena digestión, de mejorar la postura del cuerpo, de favorecer la sana respiración a través de la ventilación del sitio en que duerme el infante y de fomentar el baño diario y a fondo, rayando quizá en la exageración al recomendar que no se debe parar la limpieza sino hasta que se sienta ardor en la piel. La segunda parte nos habla, como dice la frase, de una mente sana en un cuerpo sano:

No debo estar ocioso
ni vagar aburrido
ni intentar distraerme
con gritar y hacer ruido.
Jugar con mis amigos
será lo más discreto
leer amenos libros
no hojearlos inquieto.
Comenzar una cosa
con toda idea segura.
Saber que todo juego
cansa, si mucho dura.
Amar las cosas bellas;
obrar graciosamente;
robustecer mis miembros
y enriquecer la mente.
Y cuando dulce venga
la noche solitaria
con fe, no con los labios,
recitar mi plegaria[18].

  A pesar de que los niños empezaban a ser importantes dentro de la sociedad y de las políticas del Estado, aun se tenía la idea de que debían pasar casi desapercibidos en casa sin hacer ruido. Además, era muy mal visto que estuvieran ociosos, sin realizar actividad alguna que cultivara el espíritu y la mente; el hábito por la lectura, la religiosidad y el ejercicio harían de las nuevas generaciones seres de provecho para el México que se venía gestando tras la lucha revolucionaria.
  Leyendo los versos escritos por Esperanza Velázquez Bringas podemos acercarnos a la primera etapa de su pensamiento higienista. Como pudimos percatarnos, la autora sugiere una reforma en los hábitos del niño, a través de una educación sanitaria a fin de lograr adultos mejores. Seguramente esperaba que sus ‘Lecturas…’ llegaran a un público, principalmente femenino, que tuviera la posibilidad económica e intelectual de poner en práctica este tipo de reglas. La maternidad consciente que promovía a través de su sección estaba enfocada a educar, cuidar y hacer de sus hijos verdaderos ciudadanos. Apoyándonos en lo propuesto por Claudia Agostoni respecto a las prácticas higiénicas femeninas, creemos que ‘la educación higiénica de la mujer, así como la enseñanza que la madre otorgaría a sus hijos, eran para los médicos e higienistas elementos de suma importancia para el futuro de la nación’[19].
Sin embargo, lo más importante del discurso eugénico de Esperanza Velázquez Bringas vendrá después, ya que no le bastará educar al infante en la casa, sino que buscará que, desde el embarazo hasta la lactancia, las madres sigan los cuidados indispensables a fin de lograr un óptimo desarrollo de sus criaturas. En el Primer Congreso Mexicano del Niño de 1921, la periodista presentará una ponencia que habrá de ser tomada en cuenta para la formulación de políticas referentes a los cuidados materno-infantiles.


3. Niños sanos, madres conscientes

El cuidado del niño encontró en El Universal un espacio para su difusión y promoción, ya fuese dentro de las secciones femenina o infantil, ya a través de los eventos que el diario organizaba. Las galerías de fotos, los consejos de puericultura y, principalmente, el Primer Congreso del Niño son algunos de los esfuerzos que la dirección del periódico encaminó a su plena realización. El último de éstos tuvo una importancia tal, que las noticias a su respecto merecieron la primera plana durante la semana que duró. Se dividió en seis secciones: enseñanza, legislación, higiene infantil, eugenesia, pediatría médica y pediatría quirúrgica.
Los principales puntos a tratar en el programa en materia eugénica e higiénica fueron el auspicio económico y alimentario para madres solteras, las guarderías para hijos de mujeres trabajadoras, el aprendizaje de hábitos de higiene en la escuela y el hogar, la implementación de la puericultura intrauterina que se ocuparía de los infantes antes, durante y después del embarazo (tal y como lo hace hoy en día la perinatología), la creación de instituciones de apoyo a la maternidad como ‘La gota de leche’ y la institucionalización de desayunos escolares.
En su inauguración, el director de El Universal, Félix Palavicini, se preocupó por enfatizar que, tanto las clases dirigentes como los científicos e intelectuales, debían unirse con el objeto de pensar en el ‘germen fecundo de la raza’[20], demostración futura de la fuerza y salud moral del país. Debían buscarse soluciones conjuntas para los mexicanos, por el bien de la patria y de la humanidad. Por su parte, el doctor Salvador Uribe y Rivera, secretario del Congreso, proponía el prevenir las enfermedades y el desorden social, luchando en contra de los niños delincuentes y del analfabetismo.
A través de estos discursos se evidenciaba la perspectiva política que fue adoptando el régimen posrevolucionario respecto a la niñez mexicana, subrayando que el atraso nacional no sólo se debía a la falta de cultura de la mayoría de los mexicanos, sino que también a los defectos propios de su raza. Aunque el Congreso se vio anegado de opiniones médicas, que en palabras de Ernesto Aréchiga tuvieron un contenido ‘clasista, machista y eugénico’[21], puesto que se encontraba enfocado a resolver la problemática que significaba para esos momentos la ignorancia sanitaria de los grupos populares. Los congresistas asumieron un papel paternalista al tratar de imponer una serie de normas educativas, higiénicas y de conducta entre dichos sectores. Estos hombres se dieron a la tarea de señalar el rumbo a seguir en cuanto al cuidado de los infantes, asumiéndose como protectores de los futuros ciudadanos.
Asimismo, también encontraron dentro del Congreso un espacio algunas cuantas mujeres que dieron a conocer sus propios puntos de vista. Es interesante destacar que la mayor parte de ellas eran maestras que expusieron sus propuestas en la sección de enseñanza. Hasta el momento no existe un estudio que aborde la intervención de las mujeres en el Congreso y, por falta de tiempo, en este trabajo no podremos ahondar en el tema, pero sí es posible indicar que casi ninguna de ellas llegó a manifestar grandes desavenencias respecto a lo expuesto por los varones, sobre todo si pensamos que el tema principal del evento estaba relacionado con los cuidados infantiles. Más bien, sus participaciones complementaron las de sus compañeros.
  Dentro de este pequeño grupo, no más de 17 participantes, encontramos a Esperanza Velázquez Bringas, la cual tuvo un reconocimiento especial por haber intervenido en las discusiones sobre eugenesia, lo que le valió elogios como aquel que le brindó el profesor Isaac Ochotorena por considerarla la primera mujer mexicana que se había ocupado de un asunto ‘tan científico y tan nuevo, como era la eugenesia, y haber establecido postulados que habían originado discusión tan interesante’[22]. La participación femenina en este tipo de políticas creadas por el Estado no sólo tuvo cabida dentro de los hogares, como pudimos observar en el apartado anterior, sino también, aunque en menor número, dentro de la reforma social como constructoras de la nación.
  En su ponencia ‘La influencia psíquica materna sobre el niño durante la gestación’, Velázquez Bringas aborda el tema de la herencia experimental, afirmando que las emociones, los estados psíquico-depresivos, las neurosis y demás trastornos psíquico-cerebrales que sufrían las mujeres embarazadas, repercutían en el feto y que al nacer, se convertían en desequilibrios y degeneraciones. Por ello, y apoyada en la puericultura intrauterina, proponía el establecimiento de una Casa de Maternidad en donde las madres solteras más desprotegidas pudieran permanecer meses antes y después del alumbramiento, asegurándose así el perfecto desarrollo físico del niño desde su gestación. Agregaba que esta casa debía ser también sede de un taller-escuela donde se llevaran a cabo actividades industriales para crear el hábito del trabajo en las madres y cuyos productos, al ser vendidos, ayudaran al sostenimiento de la institución. A su vez, se les orientaría en los principios básicos de la puericultura a fin de fomentar en ellas sentimientos éticos e ideas estéticas respecto al cuidado de las criaturas.
  La mayor parte de las conclusiones del Coloquio expuestas en acta, fueron llevadas a cabo en los siguientes años. Alexandra Stern y Claudia Agostoni afirman que en 1922 se creó el primer Centro Higiénico Infantil[23], que otorgaba consultas médicas a las embarazadas y a los niños menores de dos años y enseñaba puericultura e higiene dentro de sus instalaciones y en los hogares, a través de las enfermeras visitadoras[24]. Estas clínicas se encargaban, más que de prevenir, de combatir la mortalidad infantil. Es posible que la Casa de Maternidad propuesta por Velázquez Bringas diera sus frutos en estos Centros, que conjuntaban la atención y el cuidado de las madres y los niños.
  Ahora bien, tanto la institución propuesta por Velázquez como el centro infantil creado en 1922, apuntaban a que los servicios fueran dados a mujeres de escasos recursos. En su ponencia, Esperanza indica que esta casa estaría dedicada a la protección de las mujeres más vulnerables, como lo eran las madres solteras y pobres, pues ‘cuando la unidad de la familia falta, o cuando el matrimonio está formado por personas indigentes, la mujer está expuesta a todas las alteraciones de la personalidad y por consiguiente, la vida del niño está en todos conceptos más amenazada’[25]. Su propósito era darle cobijo a esas madres para que las nuevas generaciones nacieran más sanas, tanto física como moralmente.
  A través de su discurso vemos como Velázquez Bringas toma el papel de madre social al intentar ayudar a sus congéneres menos favorecidas. A través de un discurso de clase, ella, una mujer educada, de clase media y sin hijos, se sentía en la obligación de ayudar y de imponer valores, no sólo a otras mujeres, sino también a la misma construcción del Estado posrevolucionario.
  Su discurso se sustentaba en el sostenimiento del hogar a toda costa, en la procreación de niños sanos y en el mejoramiento de la raza, apelando a las fuerzas que, según su opinión, dignificaban a la sociedad: el trabajo de las obreras que no contaban con los recursos suficientes para quedarse en casa y el amor a unos niños sanos y educados. Sin duda, el pensamiento eugénico e higienista de Velázquez Bringas en estos momentos, estaba enfocado a la procuración de la clase más desprotegida de la nación: los trabajadores. Alcanzar el mejoramiento de los hijos de éstos contribuiría al engrandecimiento de la patria y a los fines ulteriores de la Revolución, con los cuales concordaba la periodista.
  Esperanza Velázquez Bringas fue una de esas mujeres que formó parte activa del proyecto de reconstrucción después de la Revolución Mexicana, promocionando las prácticas higiénicas entre los niños, proponiendo la institucionalización de los cuidados materno-infantiles y abogando a favor del control de la natalidad como uno de los derechos de las mujeres.


4. El control de la natalidad, ¿obligación ciudadana?

En 1922, ante la liga feminista ‘Rita Cetina Gutiérrez’, Velázquez Bringas pronunció un discurso donde exponía sus ideas respecto al control de la natalidad. Con un claro tono eugénico el escrito indicaba que esta medida permitiría hacer una selección de los individuos próximos a nacer en pro del bienestar de la raza mexicana[26]. El debate que se desató en torno a este tema, buscaba la transformación de las costumbres y de los hábitos relacionados con la maternidad y el cuidado de los niños.
  Las nuevas políticas eugénicas ayudaron a promover este tipo de controversias, pues dentro de la esfera científica se hablaba de limitar la natalidad de los ‘indeseables’, para lo cual ‘se puso en marcha un proyecto de ‘ingeniería social’ de corte médico-higiénico cuyo propósito fue mejorar la calidad genética de la población’[27], instaurándose una serie de medidas que controlaban las prácticas sexuales de las mujeres, como fue el caso del examen prenupcial o las campañas antivenéreas.
  Estas nuevas políticas públicas beneficiaron la salud materno-infantil mediante la difusión de la ginecología y la puericultura, abriendo espacios de discusión para temas relacionados con la educación sexual, la maternidad responsable, el aborto y la anticoncepción, donde las feministas y las mujeres de ideas conservadoras encontraron cabida. Sin embargo, este tipo de medidas inspiradas en las prácticas eugénicas, supeditaron la posición de las mujeres al ámbito doméstico y social y dieron un nuevo sentido a la moralidad que circunscribía la sexualidad femenina al matrimonio y la procreación.
  En la propuesta de Velázquez, se buscaba apoyar a las familias de escasos recursos económicos mediante el control de la natalidad, puesto que la mayor parte de estas tenían más de cinco hijos que no podían alimentar, ni educar correctamente. Su idea era ‘restringir’ el número de niños para que ‘el producto sea bueno’[28], es decir, para procrear hijos sanos y robustos que mejoraran la raza. Su discurso estaba enfocado a la clase proletaria; así como deseaba contribuir al cuidado de las mujeres solteras y pobres durante el embarazo en el Congreso del Niño, aquí su interés estaba relacionado con el número de niños que estas mujeres, en su mayoría trabajadoras, podían criar y mantener.
  Es evidente que de un año a otro las políticas eugénicas seguían dominando sus pensamientos, pero esta vez no sólo estaba realizando una propuesta médica, sino que también había incluido en su discurso la propuesta de modernización y moralización de la sociedad, pues creía que las mujeres debían dejar de ser ‘incubadoras’ para convertirse en madres conscientes que decidieran cuando tenerlos y bajo qué condiciones económicas y educativas criarlos. En palabras de Sara Buck, Velázquez se presentaba como una reformadora social y constructora del Estado nacional que apelaba en pro de una nueva visión de la familia y de los papeles asignados a cada género[29].


5. Consideraciones finales

Durante la etapa posrevolucionaria se llevó a cabo una redefinición del prototipo de feminidad imperante durante el Porfiriato; el ‘ángel del hogar’ se transformó en la ‘mujer moderna’ que, a través de la instrucción, aprendería a ser una mejor madre. Esta mujer se convirtió en pieza clave en el cuidado científico de los niños y constituyó un elemento indispensable en la elaboración de las nacientes políticas dirigidas a satisfacer las necesidades de los infantes. Su principal función consistió en cooperar con el Estado en su implementación.
Esperanza Velázquez Bringas fungía como representante de ambos sectores, ya que como periodista y funcionaria pública fue promotora de esas medidas y, al mismo tiempo, como integrante de la sociedad, receptora. Su intervención como madre social, al no tener descendencia, le permitió avocarse al cuidado de los hijos de otras mujeres, promoviendo mejores condiciones de salud e higiene para ellos. Este eugenismo social, como lo llama Mary Nash, la obligó a desarrollar una maternidad consciente que le permitió decidir si deseaba o no procrear. Es posible que este poder de decisión la haya instado a apoyar las medidas en favor de la anticoncepción.
Probablemente en la eugenesia encontró un cobijo para poder defender sus ideas respecto al papel que ocupaban las mujeres en la sociedad, y ya que ella no desempeñaba un rol tradicional, entonces debía contribuir a la nación como agente del progreso y el mejoramiento racial. En un primer momento, como periodista divulgó la higiene infantil, adoctrinando a las demás mujeres como madres a través de la puericultura; en un segundo momento se preocupó por el cuidado materno-infantil durante el embarazo, al proteger a las mujeres trabajadoras de escasos recursos para que mejoraran sus condiciones de vida y clase. En un tercer momento, como feminista, vio a la maternidad como una función enaltecedora y natural que pretendió mejorar, mas no modificar. Creía que este tipo de feminidad estaba predestinada y era la esencia de la condición de género, por tanto la promoción del control de la natalidad, en su caso, constituyó una campaña diseñada para alcanzar espacios públicos en los que pudiera expresar y poner en práctica su propia visión de lo que una mujer debía ser dentro de la sociedad mexicana.




* Agradezco los puntuales comentarios que realizó a este trabajo la doctora Gabriela Cano, durante el seminario de historia de género de la división de posgrado de la UNAM.
[1] El doctor Luis E. Ruíz, uno de los principales higienistas del Porfiriato, definía a esta parte de la medicina como ‘el arte científico de conservar la salud y aumentar el bienestar’. Con el paso de los años este estudio se convirtió en una herramienta de las políticas eugénicas que promovió el Estado. Núñez, Fernanda, ‘Los secretos para un feliz matrimonio. Género y sexualidad en la segunda mitad del siglo XIX’, en Estudios de historia moderna y contemporánea de México, 33 (2007), p. 12.
[2] Política médico-higiénica nacida en Europa a finales del siglo XIX y que estaba enfocada a la potencialización genética de los seres humanos, si bien llegó a México desde el Porfiriato, tuvo su verdadero auge en el periodo posrevolucionario.
[3] Aréchiga Córdoba, Ernesto. ‘Educación, propaganda o ‘dictadora sanitaria’. Estrategias discursivas de higiene y salubridad públicas en el México posrevolucionario, 1917-1945’, en Estudios de historia moderna y contemporánea de México, 33, (2007), p. 70.
[4] ‘Galería de niños robustos’. El Universal. Diario Político de la Mañana, 26 de enero de 1919, primera plana.
[5] Existe una gran cantidad de material sobre la vida de Esperanza Velázquez Bringas; sin embargo, no hay un estudio verdaderamente serio que englobe su participación en la esfera pública y su abundante trabajo. En las referencias de este trabajo el lector encontrará todas las obras biográficas que pude recopilar sobre el personaje.
[6] Archivo Histórico de la Universidad Nacional Autónoma de México- Escuela Nacional de Altos Estudios (AHUNAM-ENAE). Dirección. Secretaría. Alumnos. Inscripciones, caja 45, exp. 0840, 1917, 91 fs.
[7] Yolia [Adelina Zendejas]. ‘Esperanza Velázquez Bringas’. El Día. Vocero del Pueblo Mexicano, 20 de mayo de 1980, p. 7.
[8] A principios del siglo XX hubo una redefinición del cometido social de la maternidad, durante la cual se intentó profesionalizar dicha actividad, aplicando criterios higiénicos y sanitarios en el cuidado de los niños. El concepto de maternidad consciente fue utilizado como un medio para mejorar las condiciones femeninas y garantizar de forma eugénica a las generaciones futuras, convirtiendo a la procreación de la especie en la tarea más importante que desempeñaban las mujeres, Mary Nash. ‘Maternidad, maternología y reforma eugénica en España, 1900-1939’, en Duby, Georges y Michelle Perrot, Historia de las mujeres. El siglo XX, México, Taurus, 2001, pp. 699-703.
[9]Buck, Sarah A., ‘El control de la natalidad y el día de la madre: política feminista y reaccionaria en México, 1922-1923’ en Signos Históricos, 5 (2001), p. 10.
[10] A partir de 1860 el número de publicaciones infantiles fue en aumento debido a que los intelectuales estaban interesados en ‘generalizar la instrucción en todos los niveles sociales’. Esto provocó que a partir de ese momento aparecieran una serie de revistas con títulos muy sugerentes, entre las que encontramos el Nuevo Almanaque del Niño y el Diario de la Infancia de 1864, el Ángel de la Guarda, El Obrero del Porvenir y el Semanario para la Niñez Desvalida de 1870, El álbum de los niños de 1871, El Correo de los Niños de 1872, la Biblioteca de los Niños de 1874 y El mosaico literario epistolar de 1878. Luz Elena Galván de Terrazas, ‘El álbum de los niños. Un periódico del siglo XIX’, Revista Mexicana de Investigación Educativa, 3 (1988), p. 303.
[11] Ibídem, p. 304.
[12] En el siguiente número, el mono, de nombre Tití, pretende atravesar un lago pisando piedras; pisa por error la cabeza de un cocodrilo y éste, sin más preámbulos, lo devora.
[13] Según el doctor frances Adolfo Pinard, la puericultura era el conjunto de medios propios para asegurar la procreación, el nacimiento y el desarrollo de los niños sanos y vigorosos. Pinard, Adolphe, La puericultura de la primera edad. Alimentación, vestido, higiene, Traducido por Rafael Carrillo, México, Tipografía Económica, 1906, p. 1.
[14] Stern, Alexandra, Madres conscientes y niños normales: La eugenesia y el nacionalismo en el México posrevolucionario, 1920-1940, México, COLMICH / UMSNH, 2002, p. 295.
[15] Ídem.
[16] González, Juan M., Guía para la crianza e historia del niño por el dr Juan M. González, México, Imprenta Estudio, 1919, p. 227.
[17] Velázquez Bringas, Esperanza. ‘Lo que debe hacer todo niño bueno’. El Universal. 5 de octubre de 1919, p. 16.
[18] Ídem.
[19] Agostoni, Claudia, ‘Discurso médico, cultura higiénica y mujer en la ciudad de México al cambio de siglo (XIX-XX)’en  Estudios Mexicanos, 18 (2006), p. 16.
[20] ‘La inauguración del Congreso del Niño. Será libre la entrada y se invita al público a concurrir al acto’. El Universal, 2 de enero de 1921, primera plana.
[21] Aréchiga Córdoba, Ernesto. ‘Educación, propaganda o...’, op. cit., p. 77.
[22] ‘Fue fecunda ayer la labor del Congreso Mexicano del Niño. Un resumen de los interesantes trabajos presentados y que deben leer todos los padres de familia’. El Universal, 6 de enero de 1921, p. 4.
[23] Hacia 1929 ya eran cinco los centros tan sólo en la capital.
[24] Agostoni, Claudia. ‘Las mensajeras de la Salud. Enfermeras visitadoras en la ciudad de México durante la década de los 1920’, en Estudios de historia moderna y contemporánea de México, 33 (2007), p. 106; Stern, Alexandra,  Madres conscientes yop cit, p. 301.
[25]Memorias del Primer Congreso Mexicano del Niño, patrocinado por ‘El Universal’. México, El Universal, 1921, p. 39.
[26] A. Buck, Sarah. ‘El control de la natalidad...’, op. cit., p. 18.
[27] Urías Horcasitas, Beatriz, Historias secretas del racismo en México (1920-1950), México, Tusquets, 2007, p. 308.
[28] Buck, Sarah A., ‘El control de la natalidad…’, op cit, p. 10.
[29] Ibídem, pp. 12-13.

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