sábado, 22 de junio de 2013

Clasificados

Tinta rosa sobre papel

Publicado en: Revista Payaso Procaz. Cultura sin pudor, en el Blog Tinta rosa sobre papel en http://www.payasoprocaz.com



Este debiese ser el día de las presentaciones, para hacerme presente en sus mentes y advertirles que en este blog encontrarán tal o cual cosa. ¡Nel! Eso no lo van a ver aquí, porque estoy intentando acabar con las formalidades que me persiguen siempre por ser TAN académica. Ahora estoy tratando, como dice mi maestra de yoga, de relajarme y respirar; hablaremos de tonterías para que tanto ustedes como yo nos divirtamos un rato. Es por ello que me voy a sentar frente a este aparatejo del demonio y voy a contarles lo que me venga a la cabeza.
Comenzaré por decirles que tengo un enfermizo gusto por la limpieza y que cada determinado tiempo suelo reacomodar mis closets en su totalidad. Tal vez las personas que no se fijan en los detalles o que no les importa el orden (obsesivo) ni siquiera se percaten de la forma en que se encuentran dispuestas las cosas dentro de sus armarios pero yo (y los que son como yo me darán la razón) sé que un suéter mal acomodado o una blusa fuera de su lugar puede provocar que emane de mí un monstruo terrorífico que se asoma cada vez que se abren las puertas de ese recinto sagrado de la moda para recordarme que aquello es un desastre. Un obsesivo como yo puede despertar a media noche para empezar a planear como arreglar aquel “desastre” y no dormir por la preocupación.
Ya sé que estoy mal: mi psiquiatra me lo dice todo el tiempo o, mejor dicho, me invita a reflexionar al respecto; pero las personalidades obsesivas como la mía no ceden fácilmente a los encantos de un diván acojinado. Así es que cada vez que veo que el closet es un desastre saco la súper aspiradora de mi marido y vacío el armario en cuestión, para después acomodar simétricamente todo su contenido clasificado. Ahora sí que puedo abrirlo sin que el monstruo de la limpieza me recuerde que debo ocuparme de ese sitio y puedo dormir tranquila hasta la noche en que la alacena de la cocina se presente en mi pensamiento y me recuerde que la lata de conservas quedó en el lado de las cosas saladas. En fin, esa es harina de otro costal…

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