miércoles, 11 de enero de 2012

Trompetas, silbatos y sombreros





Publicado en: Suplemento "Generación M" de Milenio Diario, no.11, 15 de septiembre de 2006

En estos tiempos efervescentes de crisis política, más nos valdría que no existiese un día patrio. Lo curioso es que ninguno de nosotros vivimos día a día la patria como el 15 de septiembre. He de confesar que en mi familia se realizan grandes festines, más por mi cumpleaños que por la misma fiesta, y es vergonzoso porque yo como historiador debería de saber que se debe venerar primero a la patria que a uno mismo. Este principio debería convertirse en un mandamiento acompañando al no matarás, pues a veces se nos olvida que significado tiene la palabra mexicano y como vivir nuestra mexicanidad.
Para esta humilde redactora el ser mexicano representa no tirar basura en las calles que tape las coladeras de mis vecinos, evitar que mi chucho deje sus inmundicias en las aceras, no pasarme los altos, ceder el paso a los transeúntes, saludar y tratar de ser amable con el resto de los mortales… y un millón de cosas más. No sólo cuenta creerse un experto en Independencia y saber cuantos idilios tuvo el cura Hidalgo, sino realmente ponerse a pensar porque nos convertimos en una nación independiente capaz de tomar nuestras propias decisiones. Ese es el gran mérito de la mentada independencia, a veces nos olvidamos de ello, ¿será porque nos hemos vuelto tan sínicos como nuestros políticos?
El paso que sigue a un país fragmentado y poco patriótico es la desintegración total, evitemos recordar los 15 de septiembre como una fecha funesta en el calendario, hagamos válidos nuestros derechos sin afectar los de alado, que así también se vive y se honra a la patria. Ahora, entremos en materia: las festividades se instituyeron para la convivencia del pueblo, eso nos queda muy claro; los diferentes gobiernos independientes conservaron varias de estas tradiciones; es más, alentaron la creación de otras nuevas que han perdurado hasta nuestros días.
Las fiestas nacionales se dividen en dos grupos: las religiosas y las civiles. Entre las primeras encontramos los días de santos y vírgenes, el día de corpus, la celebración de la Semana Santa, la de los Reyes Magos, el día de muertos y muchas más, dependiendo de cada localidad. Por su parte, las segundas se encuentran institucionalizadas, es decir, señaladas en el calendario oficial. Entre ellas encontramos los hechos heroicos como el 13 de septiembre o el 5 de mayo, además de la celebración de la bandera o de la Constitución. Y como también somos parte de la comunidad económica internacional, se instituyó el 1° de mayo como día mundial del trabajo.
Sin embargo existen tres celebraciones que son fundamentales en el quehacer nacional; la primera sería el 12 de diciembre que se rinde tributo a la patrona de todos los católicos mexicanos, la Virgen de Guadalupe; en el conteo sigue la época navideña que chicos y grandes disfrutan y, por último, encontramos el 15 y el 16 de septiembre, que por costumbre se unen en una sola celebración. Es curioso como de las tres festividades más importantes de nuestro país encontremos dos religiosas y una cívica. Querido lector esto nos demuestra nuestra gran religiosidad, ahora también faltaría demostrar nuestro compromiso cívico, que en este caso si nos concierne a todos por igual. Felices fiestas y buenos deseos para un mejor futuro nacional.

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