Publicado en: Suplemento "Generación M" de Milenio Diario, no.11, 15 de
septiembre de 2006
En estos tiempos efervescentes de crisis política, más
nos valdría que no existiese un día patrio. Lo curioso es que ninguno de
nosotros vivimos día a día la patria como el 15 de septiembre. He de confesar
que en mi familia se realizan grandes festines, más por mi cumpleaños que por
la misma fiesta, y es vergonzoso porque yo como historiador debería de saber
que se debe venerar primero a la patria que a uno mismo. Este principio debería
convertirse en un mandamiento acompañando al no matarás, pues a veces se nos
olvida que significado tiene la palabra mexicano y como vivir nuestra
mexicanidad.
Para
esta humilde redactora el ser mexicano representa no tirar basura en las calles
que tape las coladeras de mis vecinos, evitar que mi chucho deje sus
inmundicias en las aceras, no pasarme los altos, ceder el paso a los
transeúntes, saludar y tratar de ser amable con el resto de los mortales… y un
millón de cosas más. No sólo cuenta creerse un experto en Independencia y saber
cuantos idilios tuvo el cura Hidalgo, sino realmente ponerse a pensar porque
nos convertimos en una nación independiente capaz de tomar nuestras propias
decisiones. Ese es el gran mérito de la mentada independencia, a veces nos
olvidamos de ello, ¿será porque nos hemos vuelto tan sínicos como nuestros
políticos?
El
paso que sigue a un país fragmentado y poco patriótico es la desintegración
total, evitemos recordar los 15 de septiembre como una fecha funesta en el
calendario, hagamos válidos nuestros derechos sin afectar los de alado, que así
también se vive y se honra a la patria. Ahora, entremos en materia: las
festividades se instituyeron para la convivencia del pueblo, eso nos queda muy
claro; los diferentes gobiernos independientes conservaron varias de estas
tradiciones; es más, alentaron la creación de otras nuevas que han perdurado
hasta nuestros días.
Las
fiestas nacionales se dividen en dos grupos: las religiosas y las civiles.
Entre las primeras encontramos los días de santos y vírgenes, el día de corpus,
la celebración de la
Semana Santa , la de los Reyes Magos, el día de muertos y
muchas más, dependiendo de cada localidad. Por su parte, las segundas se
encuentran institucionalizadas, es decir, señaladas en el calendario oficial.
Entre ellas encontramos los hechos heroicos como el 13 de septiembre o el 5 de
mayo, además de la celebración de la bandera o de la Constitución. Y
como también somos parte de la comunidad económica internacional, se instituyó
el 1° de mayo como día mundial del trabajo.
Sin
embargo existen tres celebraciones que son fundamentales en el quehacer
nacional; la primera sería el 12 de diciembre que se rinde tributo a la patrona
de todos los católicos mexicanos, la
Virgen de Guadalupe; en el conteo sigue la época navideña que
chicos y grandes disfrutan y, por último, encontramos el 15 y el 16 de
septiembre, que por costumbre se unen en una sola celebración. Es curioso como
de las tres festividades más importantes de nuestro país encontremos dos
religiosas y una cívica. Querido lector esto nos demuestra nuestra gran
religiosidad, ahora también faltaría demostrar nuestro compromiso cívico, que
en este caso si nos concierne a todos por igual. Felices fiestas y buenos
deseos para un mejor futuro nacional.
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