miércoles, 11 de enero de 2012

En tiempos del amor




Publicado en:  Suplemento Especial de Milenio Diario,  11 de febrero de  2006.


Me sorprendo a mí mismo pensando cuando contemplo un objeto bello cualquiera, un hermoso paisaje, cualquier cosa agradable: ¿por qué no está ella conmigo, para admirarlo conmigo, para adquirirlo conmigo?

Carta de Charles Baudelaire a madame Aupick
11 de septiembre de1856

El amor se encuentra entre esos sentimientos que todos creemos conocer; sin embargo, dicho concepto tuvo que pasar por una infinidad de facetas para convertirse en lo que entendemos hoy en día. Al paso del tiempo, se ha convertido en un “objeto de consumo, casi en una mercancía”.
Pero, ¿qué fue el amor en sus comienzos?, ¿por qué es diferente para hombres y mujeres? Seguramente, la educación que por siglos nos ha diferenciado entre géneros, afectó también al amor; pues en la Edad Media dicha palabra era equivalente al ‘deseo carnal’ que en la actualidad tiene otro significado. Para el hombre medieval constituía un criterio de distinción, que caracterizaba a nobles y caballeros y, su principal representante, era el matrimonio. Quizá la falta de contacto entre las personas hizo que se volviera una necesidad imperante entre los antiguos habitantes del planeta; ya que ambos sexos tenían que vivir separados y sólo se relacionaban en ocasiones especiales como saraos y banquetes, donde los jovencitos podían conquistar a las doncellas de los reinos.
Más tarde las modas imperantes hicieron del amor un objeto codiciado y, aunque siempre estuvo presente en las artes, el siglo XVIII lo tomó como inspiración para las obras de diversos artistas franceses, que pudieron plasmarlo en escenas galantes. Tal fue el caso de Jean-Antoine Watteau, quien nos dejó óleos como La fiesta amorosa, donde los jóvenes tratan de conquistar a las damas en un día de campo; el conocido Juan Tenorio arrebató suspiros entre las mujeres y el joven Mozart también se dejó llevar por él en las composiciones que dio a conocer en la corte vienesa.
No obstante, fue el siglo XIX el creador del amor romántico, aquel que se hacía evidente por medio de gestos y señas; ahora las miradas, las sonrisas, los roces, la turbación, el rubor y los silencios fueron las principales manifestaciones amatorias de la época. Podemos entender entonces por qué el denominado ‘tú y yo’, se convirtió en el sillón preferido de los enamorados y los pañuelos en la señal más notoria de las jóvenes aspirantes al matrimonio. Hoy en día existen diversas formas de amor y cada vez son más complejas, como si el tiempo fuera enredando los sentidos.

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