Publicado en: Suplemento Especial de Milenio Diario, 11 de febrero de 2006.
Me sorprendo a mí mismo pensando
cuando contemplo un objeto bello cualquiera, un hermoso paisaje, cualquier cosa
agradable: ¿por qué no está ella conmigo, para admirarlo conmigo, para
adquirirlo conmigo?
Carta de Charles Baudelaire a
madame Aupick
11 de septiembre de1856
El amor se encuentra entre esos sentimientos que todos
creemos conocer; sin embargo, dicho concepto tuvo que pasar por una infinidad
de facetas para convertirse en lo que entendemos hoy en día. Al paso del
tiempo, se ha convertido en un “objeto de consumo, casi en una mercancía”.
Pero, ¿qué fue el amor en sus comienzos?, ¿por qué es
diferente para hombres y mujeres? Seguramente, la educación que por siglos nos
ha diferenciado entre géneros, afectó también al amor; pues en la
Edad Media dicha palabra era equivalente al
‘deseo carnal’ que en la actualidad tiene otro significado. Para el hombre
medieval constituía un criterio de distinción, que caracterizaba a nobles y
caballeros y, su principal representante, era el matrimonio. Quizá la falta de
contacto entre las personas hizo que se volviera una necesidad imperante entre
los antiguos habitantes del planeta; ya que ambos sexos tenían que vivir
separados y sólo se relacionaban en ocasiones especiales como saraos y
banquetes, donde los jovencitos podían conquistar a las doncellas de los reinos.
Más tarde las modas imperantes hicieron del amor un
objeto codiciado y, aunque siempre estuvo presente en las artes, el siglo XVIII
lo tomó como inspiración para las obras de diversos artistas franceses, que
pudieron plasmarlo en escenas galantes. Tal fue el caso de Jean-Antoine
Watteau, quien nos dejó óleos como La
fiesta amorosa, donde los jóvenes tratan de conquistar a las damas en un
día de campo; el conocido Juan Tenorio arrebató suspiros entre las mujeres y el
joven Mozart también se dejó llevar por él en las composiciones que dio a
conocer en la corte vienesa.
No obstante, fue el siglo XIX el creador del amor romántico, aquel que se hacía
evidente por medio de gestos y señas; ahora las miradas, las sonrisas, los
roces, la turbación, el rubor y los silencios fueron las principales
manifestaciones amatorias de la época. Podemos entender entonces por qué el
denominado ‘tú y yo’, se convirtió en el sillón preferido de los enamorados y
los pañuelos en la señal más notoria de las jóvenes aspirantes al matrimonio.
Hoy en día existen diversas formas de amor y cada vez son más complejas, como
si el tiempo fuera enredando los sentidos.
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