miércoles, 11 de enero de 2012

Los cuentos de la buena pipa y del gato, con sus pies de trapo y sus ojos al revés, ¿quieres que te lo cuente otra vez?




Publicado en: Suplemento Especial de Milenio Diario, 25 de abril del 2006. 

Hace mucho pero mucho tiempo, los infantes gozaban de mayores beneficios ambientales que los de ahora, por ello podían salir a jugar por las calles poco transitadas de la ciudad de México y disfrutar de una infinidad de entretenimientos que hoy han sido sustituidos por la televisión y los videojuegos.
En la época colonial y el siglo XIX la imaginación de los pequeños fue invadida por cantos, adivinanzas y juegos que llegaron a extenderse por los patios de las casas. Cuentos tales como Pulgarcito, El gato con botas, La caperucita encantada o bien, leyendas como El Coche de Lumbre, escuchadas de labios de sus nanas hacían de las tardes lluviosas o las noches oscuras el pasatiempo de chicos y no tan chicos.
Las grandes casonas y vecindades eran testigos de como las escondidas, el sopla vivo te lo doy —que disfrutaba en la infancia el escritor Antonio García Cubas—, el mogote, pipis y gañas, el panadero (que hablaba de aquellos maderos de San Juan) y la procesión, donde se cantaba Mañana domingo de pico de gallo, resultaban todo un mundo de fantasía y diversión. Después de jugar a Doña Blanca rompiendo pilares de oro y plata la opción era divertirse con algún trompo, muñeca de trapo, cerbatana o papalote. Sin embargo, desde 1774 el uso de este último artefacto fue prohibido, gracias a que un buen número de niños cayeron de las azoteas por hacerlo volar. Ya entrado el siglo XX los niños se convirtieron en soldaditos y jugaban a luchar rusos contra alemanes en los escampados más cercanos a sus escuelas.
Y aunque gran número de enfermedades diezmaban a la población infantil, después de un tiempo los sobrevivientes salían de sus casas para compartir con sus cuates los grandes partidos de chiras pelas, donde el ganador se llevaba el premio de oro: un quintal de cuirias en los bolsos de sus pantalones. De entre aquellas canicas las más solicitadas eran las agüitas, transparentes y rayadas; no obstante, existían muchas otras que los grandes jugadores ambicionaban como el perico, las ágatas, o los diablitos.
Hoy en día los grandes problemas que afectan a la sociedad limitan los entretenimientos infantiles, pues los niños no pueden salir a las calles como antes y los modernos y sofisticados juguetes han cambiado a tal punto que casi juegan solos. Las junglas, el espacio y los vaqueros han sido sustituidos por los robos y secuestros, que los pobres chiquitines ven constantemente en los programas televisivos. La nueva moda entre los padres es concebir adultos a escala, personitas que no los importunen con juegos y preguntas; hacerlos responsables y maduros les quita sus singulares características infantiles, porque el mundo aun no les preocupa del todo. Contribuyamos a que sigan siendo inocentes, que para eso son niños.

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