miércoles, 11 de enero de 2012

Por los pasillos de Sterling Cooper



Publicado en: Murciégalo. Revista Digital,  año 1, núm 4, “¿Publicidad vs cultura?”, noviembre-diciembre 2010, (Reseña), http://murciegalo.escuadron202.com/, o bien, puede localizarse en http://murciegaloenlinea.blogspot.com/


El mundo de la publicidad es tan atractivo para el público que ha logrado posesionarse en el gusto de las audiencias de televisión por tres temporadas seguidas, arrasando con cuanto premio se le ponga enfrente. Ese es el caso de Mad Men, la serie que tiene a los estadounidenses, y a los que tenemos el privilegio de seguirla por sistema de cable, al filo del asiento.
La historia narra el diario acontecer de los hombres y mujeres que trabajan en Sterling Cooper, una famosas agencias publicitarias de Nueva York en la década de los sesenta. La trama intenta adentrar al televidente a los rincones más recónditos de las oficinas y de la vida privada de los personajes. La lucha entre sexos, el consumo de alcohol, cigarros y otras sustencias psicotrópicas para atraer a la musa de la creatividad, la infidelidad y los conflictos familiares conviven con las prominentes cuentas publicitarias de marcas y empresas que ven en el futuro de las ventas la clave de la felicidad.


Matthew Weiner, el creador de la serie, puso el dedo en la llaga. Es posible que muchas otras producciones de HBO hayan tenido un impacto similar al que Mad Med ha logrado tener a la fecha; sin embargo, la crítica mordaz a la sociedad estadounidense de los años sesenta es incomparable. Nada que ver con The wonder years, donde con nostalgia noventera se recordaban los tiempos perdidos. Mad Men, en cambio, reconoce a un país en pleno crecimiento económico y con una crisis de valores que le permite pasar por encima de cualquier cosa.
Ese será el caso de Donald Drape (Jon Hamm), un exitoso gerente creativo que juega una doble vida: por un lado es un hombre de negocios, exitoso, atractivo y por otro, un padre y marido ausente. Al parecer Drape se transforma al llegar al trabajo. Las distancias entre los suburbios y las grandes ciudades provocaban que los hombres tuviesen que vivir alejados de sus familias casi toda la semana; eso les permitía darse una vida de solteros. En cambio Betty Drape (January Jon) representa con exactitud al estereotipo de las mujeres de la época, donde el matrimonio las convertía en amas de casa y… nada más. Betty vive una vida de aburrimiento en un suburbio donde los dimes y diretes son su única distracción. Es posible que esa soledad la lleve a conocer otros caminos.
En cambio Peggy Olson (Elizabeth Moss) es la representante de la chica moderna estadounidense. Una joven secretaria que vive sola y trabaja para mantenerse. Esta podría ser la única característica de esta joven pueblerina; no obstante, sus grandes ambiciones la llevarán a convertirse en la primera ejecutiva creativa de la compañía, así como lo fue en la vida real Mary Wells, en la firma Wells Rich and Greene.
La serie no sólo se distingue por sus impecables actuaciones sino también por todo lo que la rodea. Conocer la ciudad de Nueva York a través de sus empresas, ver cómo interactúan las agencias publicitarias, saber cuál era la dinámica familiar de los hombres de negocio, recordar modas, percibir lo difícil que fue para las mujeres ingresar al mundo laboral, son sólo algunas de tantas historias que podrán disfrutar en los pasillos de Sterling Cooper.

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