Desde una perspectiva de género, la religión, el arte
y la cultura tienen algo en común, por mucho tiempo estas tres disciplinas han
impedido la participación de las mujeres. Desde épocas inmemorables el ser
humano ha requerido de la religión y el arte para desarrollar sus habilidades
físicas y emocionales, sin ellas los sentimientos, la creatividad y la
interrelación nunca hubieran sido posibles. Durante la prehistoria las mujeres
de los clanes fungían como chamanes, otras tuvieron la posibilidad de plasmar
sus ideas en las rocas a través de la pintura rupestre y, muchas más, se
convirtieron en líderes intelectuales de sus grupos. Sin embargo, con el paso
de los siglos su participación se fue dificultando, pues estas ramas del
conocimiento se masculinizaron.
Ahora
nos resulta imposible imaginar a las mujeres en los principales puestos
eclesiásticos, aunque dentro del protestantismo estén ganando espacios. Tampoco
conocemos grandes pintoras renacentistas, o bien concertistas barrocas. Sor
Juana Inés de la Cruz
es una de las literatas más ilustres de la antigüedad, pero muchas otras monjas
y criollas enfocaron gran parte de sus vidas a la escritura como la poetisa
María de Estrada Medinilla o sor María Magdalena de Lorravaquio Muñoz que
realizó un manuscrito autobiográfico sobre el comienzo de la mística virreinal.
Así como ellas, otras novohispanas dejaron su legado en recetarios de cocina,
literatura devota, música, pintura, escultura y hasta en las matemáticas como
sor María Francisca de la Concepción. No
obstante, existieron otras más audaces como fue el caso de Guadalupe de Moncada
y Berrio la cual recibió el nombramiento académico de honor de la Academia de San Carlos
por su obra pictórica y Micaela Martínez que, durante el siglo XIX compuso un
vals para piano titulado “La luz del día”.
Aunque en el pasado existieron mujeres que se propusieron intervenir en estos sectores, la realidad nos indica que fue hasta el siglo XX, que se les reconoció como miembros de estas asignaturas. Por esta razón la religión, el arte y la cultura han sido, la mayor parte del tiempo, desempeñadas por parte del sexo masculino y no del femenino.
Aunque en el pasado existieron mujeres que se propusieron intervenir en estos sectores, la realidad nos indica que fue hasta el siglo XX, que se les reconoció como miembros de estas asignaturas. Por esta razón la religión, el arte y la cultura han sido, la mayor parte del tiempo, desempeñadas por parte del sexo masculino y no del femenino.
En la
actualidad un buen número de mujeres tienen un papel preponderante en la cultura
y el arte, pues como podemos observar las universidades están repletas de catedráticas
y alumnas que se especializan en estas disciplinas. Es posible que la aún no
concluida emancipación femenina haya colaborado para que pudieran conquistar
estos espacios, pero aún falta mucho por hacer, ya que para la mujer la raza y
la civilización tienen un gran peso en su desempeño laboral, pues entre
musulmanas y cristianas las posibilidades de incursionar en los cargos
eclesiásticos, hasta el momento, son improbables. Sin embargo, es necesario que
las nuevas generaciones sigan luchando en pro de sus manifestaciones artísticas,
culturales y religiosas a través de su feminidad.
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