Publicado en: Suplemento "Generación M" de Milenio Diario, no. 7, 19 de mayo de 2006
El que ahora se encuentre tan en boga la denominada medicina alternativa, nos hace recordar
que siglos atrás era la única forma de curación en el mundo; aún en la
actualidad, las hierbas medicinales representan el último recurso dentro del
estudio de la medicina alópata. En el antiguo Egipto se molían y remojaban los
tallos del enebro para la inflamación de los ojos, es decir, la molesta
conjuntivitis. Por su parte, en Grecia se utilizaban las plantas aromáticas
como el azafrán mezclado con aceites para crear ungüentos que sanaran los
malestares físicos. Sin embargo, fueron los árabes quienes expandieron sus
conocimientos curativos por toda la tierra. Gran número de manuscritos fueron
conocidos en Occidente gracias a las traducciones moras; fue así como las
drogas persas, indias y orientales enseñaron a la medicina occidental los
tratamientos a base de alcanfor, casia, sen, nuez moscada y tamarindo, entre
otros muchos productos curativos.
A
raíz del descubrimiento de América se conocieron sustancias como la chinchona o corteza peruana, efectiva
contra la malaria; el mercurio, tratamiento común en enfermos con sífilis y la
corteza de sauce que disminuía la fiebre; esta última fue la precursora en el
estudio de la aspirina. México aportó gran número de hierbas que sirvieron en
el combate de las enfermedades; a la llegada de los españoles, la medicina
indígena se unió a los conocimientos europeos, trayendo nuevas alternativas a
diversos males.
Entre
los antiguos médicos indígenas, el empleo de lo recolectado en las milpas podía
proporcionar alivio a males tan comunes como el dolor de muela, para la cual se
utilizaba el tabaco y el copal con el fin de extirpar el molar infectado. El ritual
para calmar el malestar era complicado, pues se debía convencer al dolor de
dejar el cuerpo, ayudado por el copal con las siguientes palabras: “Lo que haz
de hacer es sacar y quitar el verde dolor, que ya quiere destruir a mi
encomendado”. También se creía que los fenómenos atmosféricos eran causantes de
serias enfermedades: el frío provocaba la gota y el encogimiento de alguna extremidad.
Asimismo, se realizaban intervenciones quirúrgicas arriesgadas, como fue el
caso de la extracción de cataratas de los ojos, las cuales se raspaban con la
raíz de cocoztic y durante la noche
se untaba el zumo de zacamalinalli y
algunas gotas de pulque acompañado de la resina acaoxitl, que los curaba por completo. Cuando se perdía la nariz,
debía coserse con un cabello y ponerse encima miel blanca mezclada con sal para
una pronta cicatrización, o bien, recomendaban lavados a base de alcachofas o
jugos de hierbas para el mal olor de axilas, común entre los guerreros.
El
paso del tiempo ayudó a los médicos y chamanes a poder curar las enfermedades
que en la antigüedad hubieran sido imposibles de combatir; la aparición de
diversas drogas químicas como la penicilina, las modernas intervenciones
quirúrgicas, la aplicación de vacunas, la ingesta de alimentos indicados y la aún
hoy en día utilización de remedios caseros, han hecho de la medicina moderna
una esperanza para miles de personas que antes fallecían por enfermedades hoy
comunes.
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