Por MUA
Una de las temporadas que espero como un crío es la Navidad y, aunque usted no
lo crea, puedo pasar medio año pensando como armar el nacimiento, qué tipo de
clima tendrá, cuán grande podrá quedar… Sí, la Navidad es una de las
celebraciones que más gozo y, por supuesto, en la que más se gasta, aun
planeando no hacerlo.
Es
importante estar alerta de lo que se compra porque los comerciantes en estas
épocas quieren hacer la venta que no hicieron en todo el año. Las marcas y los
establecimientos te hablan de bajos precios, pero ¿acaso eso no estaba más
barato el mes pasado? Yo tengo un truco, como ahora la navidad empieza en
septiembre, o al menos vemos objetos navideños desde esas fechas, intento
comprar las cosas que necesito o me gustan mucho antes de que llegue diciembre,
y créalo o no, en plenas fiestas los mismos productos aumentan su precio.
Pero
a lo que voy, el nacimiento, la magnífica maqueta que sale cada año a poner de
cabeza algún rincón de nuestra casa tiene su origen en Italia, así que si es
usted amante de la tradición salga inmediatamente a adquirir unas cuantas
piezas de aquel país o haga como yo, que compré una imitación de mediados del
sigo XVI florentino. Aunque lo más representativo de aquella escenografía es la
triada: Jesús, María y José, existen también otros tantos personajes que tienen
un peso sobresaliente en la vistosa instalación, es decir, los Reyes Magos.
Estos
tres personajes representan a la gente no judía, los gentiles que vivían en
otras regiones del hemisferio. Dentro de los hallazgos arqueológicos e
históricos, no existen evidencias sobre la visita de estos seres fantásticos al
niño divino, pero tanto en los evangelios sinópticos como en los apócrifos se
evidencia el arribo de unos sacerdotes adivinos de la India , que llegaron en
estado lamentable después de deambular durante un largo trayecto. Es posible
que la impresión que causaron al Imperio Romano se viese reflejada en las
narraciones populares que, con el paso del tiempo, los convirtieron en persas
en vez de indios. Esa misma tradición les dio un nombre, una raza y hasta una
edad determinada.
En
cuanto al apelativo, sabemos que no siempre se les conoció como Melchor, Gaspar
y Baltasar, ya que en los primeros siglos del cristianismo llevaban por nombre
Apelio, Amero y Damasco, después Magalat, Galzaleth y Sarasin, o bien, Ator,
Sator y Peratoras; en fin, fue el arzobispo de Génova, Jacobo de Vorágine quien
los bautizó como les conocemos en la actualidad. Ahora bien, tampoco es
comprobable que hayan sido tres, pues las leyendas populares de la antigüedad llegan
a mencionar varias cifras; sin embargo, habrá que recordar: el tres es un
número cabalístico dentro del cristianismo. Así es que, los tres Reyes Magos, los pastores, las
estrellas, los ángeles, los animales, los padres, el niño y más simbolizan un
todo, un principio y un fin, una creencia popular bastante creativa. Un mito si
se quiere, pero un mito para contemplar, eso es lo importante del asunto no más.
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