Publicado en: Suplemento Especial de Milenio Diario, 12 de agosto del 2006.
No todos los niños que ustedes conocen odian regresar
a las aulas de clase, existen quienes se encuentran, ya para estas fechas,
entusiasmados por estrenar uniformes y, sobretodo, útiles. El olor que emerge
de los cuadernos recién forrados y los lápices sin punta lo recordarán toda su
vida.
Regresar
a los patios de recreo y convivir nuevamente con los cuates que dejaron de ver
por varias semanas, las anécdotas de los que tuvieron la oportunidad de salir
de viaje y el desfile de nuevas mochilas los hará sentirse en ambiente. También
los tendrá a la expectativa saber quien será el profesor que los recibirá en la
clase, esperando que no sea esa tan enojona miss… que siempre deja tareas extras
e imparte castigos al por mayor.
Sin
embargo, puedo asegurarles que lo que a ningún niño le gusta es hacer tareas,
así esté estrenando libros; tampoco le agradará encontrarse con sus antiguos
enemigos y mucho menos levantarse temprano. Eso sí a nadie le gusta, ni
siquiera a nosotros los grandotes. Pero lo que si gozarán será presumir sus
nuevas adquisiciones de juego, compartir el lunch
con su mejor amigo y poder ver pasar a M…, quien lo trae de un hilo.
Podemos
ver porqué a los chilpallates les
gusta regresar a clase, pues aunque la tele, la cama calientita y las salidas a
la Feria de
Chapultepec sean divertidas, nada cambia ver a sus cuates y a M…; jugar con
ellos, contarse anécdotas, perseguir la pelota y escapar de un merecido
castigo.
Además,
de los mejores recuerdos que guardamos los adultos del colegio se encuentran el
recreo y la salida, pues en el primero jugábamos y comíamos hasta hartarnos, y
en la segunda, si bien nos iba, mamá o papá nos premiaba con un gran helado o
alguna chuchería que vendían en la
calle; porque salir a la puerta principal y ver una infinidad de puestos llenos
de chicharrones, superhéroes, estampitas y chicles hacen esbozar una sonrisa a
cualquiera que ha estado encerrado por ocho horas.
Y lo más, pero más divertido es que llegue el viernes
cuando algunos cuates se juntan en una casa o les permiten ir a un centro
comercial; ese día mamá no les da sopa y pollo, sino que pueden comer pizza o
hamburguesas. En esos lugares, bastante seguros por cierto, a los amigos les
agrada entrar al cine o a escuchar discos, y si ya hormona ha despertado,
coquetear con algún grupo de señoritas que casualmente se encuentra cerca.
Por
todo esto y más, a algunos niños les encanta regresar a clases, porque la
convivencia con los cuates, los recreos, las salidas y los útiles nuevos son
inolvidables, a pesar de las extensas tareas y los tediosos exámenes. La
escuela sustituye al aburrimiento, imagínese usted que haría con los chiquillos
todo el día en casa sino existiera.
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