miércoles, 11 de enero de 2012

Caminito de la escuela




Publicado en: Suplemento Especial de Milenio Diario, 12 de agosto del 2006.

No todos los niños que ustedes conocen odian regresar a las aulas de clase, existen quienes se encuentran, ya para estas fechas, entusiasmados por estrenar uniformes y, sobretodo, útiles. El olor que emerge de los cuadernos recién forrados y los lápices sin punta lo recordarán toda su vida.
Regresar a los patios de recreo y convivir nuevamente con los cuates que dejaron de ver por varias semanas, las anécdotas de los que tuvieron la oportunidad de salir de viaje y el desfile de nuevas mochilas los hará sentirse en ambiente. También los tendrá a la expectativa saber quien será el profesor que los recibirá en la clase, esperando que no sea esa tan enojona miss… que siempre deja tareas extras e imparte castigos al por mayor.
Sin embargo, puedo asegurarles que lo que a ningún niño le gusta es hacer tareas, así esté estrenando libros; tampoco le agradará encontrarse con sus antiguos enemigos y mucho menos levantarse temprano. Eso sí a nadie le gusta, ni siquiera a nosotros los grandotes. Pero lo que si gozarán será presumir sus nuevas adquisiciones de juego, compartir el lunch con su mejor amigo y poder ver pasar a M…, quien lo trae de un hilo.
Podemos ver porqué a los chilpallates les gusta regresar a clase, pues aunque la tele, la cama calientita y las salidas a la Feria de Chapultepec sean divertidas, nada cambia ver a sus cuates y a M…; jugar con ellos, contarse anécdotas, perseguir la pelota y escapar de un merecido castigo.
Además, de los mejores recuerdos que guardamos los adultos del colegio se encuentran el recreo y la salida, pues en el primero jugábamos y comíamos hasta hartarnos, y en la segunda, si bien nos iba, mamá o papá nos premiaba con un gran helado o alguna chuchería que vendían en la calle; porque salir a la puerta principal y ver una infinidad de puestos llenos de chicharrones, superhéroes, estampitas y chicles hacen esbozar una sonrisa a cualquiera que ha estado encerrado por ocho horas.
Y lo más, pero más divertido es que llegue el viernes cuando algunos cuates se juntan en una casa o les permiten ir a un centro comercial; ese día mamá no les da sopa y pollo, sino que pueden comer pizza o hamburguesas. En esos lugares, bastante seguros por cierto, a los amigos les agrada entrar al cine o a escuchar discos, y si ya hormona ha despertado, coquetear con algún grupo de señoritas que casualmente se encuentra cerca.
Por todo esto y más, a algunos niños les encanta regresar a clases, porque la convivencia con los cuates, los recreos, las salidas y los útiles nuevos son inolvidables, a pesar de las extensas tareas y los tediosos exámenes. La escuela sustituye al aburrimiento, imagínese usted que haría con los chiquillos todo el día en casa sino existiera.

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