Publicado en: Suplemento Especial de Milenio Diario, 11 de junio de 2006.
Los diversos cambios que ha sufrido la sociedad en
estas últimas décadas, han provocado que todos desempeñemos nuevos roles dentro
de la familia nuclear. Los hombres se han tenido que adaptar a las
circunstancias del momento, las cuales les han impuesto reglas que antes no ejercían.
La revolución sexual, el vínculo entre personas del
mismo sexo, la lucha por el feminismo y los derechos de la infancia han forzado
a los hombres a dejar atrás su antigua figura de proveedores, padres ausentes y
jefes de familia, para compartir con las mujeres el cuidado de la casa, de los
hijos y los gastos. Aunque sabemos que muchos de ellos conservan los viejos
patrones, esta disertación pretende enaltecer a los que han sabido adaptarse a
las circunstancias del momento y asumen su nuevo rol con orgullo.
Con
la nueva era, han llegado nuevas modalidades; ahora podemos ver en las calles a
los padres haciéndose cargo de las criaturas, a otros tantos que tratan de conseguir
un trabajo que les permita pasar más tiempo con sus hijos y unos más que intentan
ayudar en los cuidados y se preocupan por la educación de los niños. Todos ellos
se encuentran compartiendo su crianza con sus esposas, cosa que antes no pasaba,
pues regularmente eran figuras ausentes, represoras y temidas.
Los nuevos padres
suelen expresar sus sentimientos: son amorosos, hacen evidente su afecto a
través del llanto y los abrazos; ya quedó atrás el reprimir todo tipo de
emociones que, se decía, les restaba virilidad. Hoy en día, algunas familias
trabajan en conjunto para vivir en armonía; los hombres comparten con sus
parejas los cuidados domésticos, ya que colaboran en el cuidado de la casa y de
los hijos, además de llevar parte de la manutención al hogar. Son padres
concientes de las necesidades no sólo materiales, sino también emocionales de
los miembros de su familia.
Estos son los padre que nosotros, sus hijos,
celebramos en su día, hombres comprometidos con los suyos, amantes de sus esposas
y, principalmente, seres humanos capaces de crear fuertes vínculos afectivos
con sus hijos. Asumir el papel que les tocó es difícil, sobretodo si tomamos en
cuenta que algunos de ellos siguen cargando acuesta la antigua educación que se
les daba de procreadores y sostenedores y no más. Estos hombres son los
formadores de generaciones más equitativas, por ello deberán ejercer sus
funciones con dignidad y orgullo. A ellos, y sobretodo a ti papá, mi respeto y
admiración.
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