Publicado en: Murciégalo. Revista Digital, año 1, núm. 2, “Identidad Nacional”, julio-agosto 2010, http://murciegalo.escuadron202.com/, o bien, puede localizarse en http://murciegaloenlinea.blogspot.com/
1936 constituye un recuerdo doloroso para el pueblo español. Después de vivir una época de supuesta paz tras la creación de la Segunda República, un grupo de militares se levantó en armas en contra de los preceptos liberales, logrando asirse del poder por más de treinta años. La Guerra Civil Española constituyó un parteaguas para los gobiernos totalitarios que se fueron constituyendo en gran parte de Europa y que traerían como consecuencia el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Si uno piensa en el movimiento armado, la primera imagen que nos viene a la mente es la de un grupo de hombres portando escopetas y uniformes, mientras que imaginamos a las mujeres tratando de refugiarse durante los ataques y protegiendo a su prole. En momentos de guerra, los roles asumidos por hombre y mujeres se ven potencializados; sin embargo, en España existió un pequeño grupo de mujeres que abogaron por la causa republicana y a las cuales se les conoció como milicianas.
Las mujeres que decidieron unirse a las tropas republicanas se quitaron las medias y los fondos para enfundarse en pantalones militares y overoles de trabajo, estas prendas masculinas las hacían ver como iguales frente a sus compañeros durante las campañas militares. Esto no quiere decir que haya existido una revaloración de los modelos de género hasta el momento vigentes, pues no se efectuaron cambios culturales significativos, ni siquiera un cuestionamiento profundo de las características tradicionalmente consideradas masculinas y femeninas.
En realidad las milicianas se convirtieron en el símbolo de la guerra para el bando liberal: ellas habían cubierto las necesidades propagandísticas del momento a través de carteles promotores de los valores republicanos. La imagen que representaban fomentó la identificación masculina con la causa antifascista, ya que sirvieron de modelo a la propaganda republicana de la época como sinónimo de masculinidad, alentando a que los hombres cumplieran sus deberes militares. La historiadora Mary Nash, afirma que los republicanos incluso llegaron a “instrumentalizar a las mujeres con fines bélicos”, para así estimular a las masa a asumir sus deberes patrióticos.
No obstante, el protagonismo de las milicianas duró poco tiempo. El espacio que habían conquistado les fue arrebatado. Pocos meses después de iniciado el conflicto, quedaron relegadas a trabajos considerados propiamente femeninos: como fueron los servicios auxiliares de asistencia, sanidad, aprovechamiento, administración, cocina y lavandería, a través de un consenso entre partidos políticos, sindicatos y organizaciones femeninas que apoyaban las iniciativas del ministro de Guerra, Francisco Largo Caballero, quien disolvió las columnas de milicianos y creó un ejército regular donde las mujeres no volvieron a tener cabida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario