Publicado en: Suplemento "Generación M" de Milenio Diario, no. 9, 21 de julio de 2006
Existen unas cuantas mujeres que deberían ser
reconocidas por sus logros, ya que fueron pioneras en los estudios
universitarios. En la actualidad es evidente la presencia femenina en las aulas,
en algunas carreras abarcamos más del 60% de la población estudiantil; sin
embargo, hacia finales del siglo XIX no se tenía contemplada la incorporación
de las mujeres a los estudios superiores a causa de su supuesta inferioridad,
aunque la educación liberal había abierto nuevos espacios educativos que
permitieron no sólo alfabetizarlas sino también proporcionarles un oficio por
medio del cual ayudaran al sostén de los hogares.
Más
allá de una preparación técnica, su incorporación a los estudios superiores les
permitió alcanzar nuevas oportunidades, puesto que no sólo desempeñaron un
papel económico sino también social alcanzando, en cierto grado, algunos derechos
que únicamente disfrutaban los hombres. Estos últimos, tenían un abanico muy
amplio de opciones académicas a elegir y una infinidad de empleos a escoger.
Aquella educación superior exclusivamente masculina fue permitiendo poco a poco
la incorporación de las primeras alumnas a la Escuela Nacional Preparatoria,
escaño indispensable para adquirir un grado universitario. Aunque en un
principio su número fue escaso, las materias que eligieron evidenciaban las
áreas de conocimiento a que dirigían su interés; fue por ello que se destacaron
principalmente en el magisterio, la enfermería y la obstetricia, todas ellas
carreras altruistas.
Profesiones como la medicina, la abogacía, la
telegrafía y hasta la ingeniería se presentaron como opciones para estas
pioneras. Una pequeña oleada de mujeres fue titulándose en diversas labores
como las médicas Matilde Montoya (1887) y Columba Rivera (1900); la abogada
María Asunción Sandoval de Zarco (1898); la metalurgista Dolores Rubio Ávila;
la odontóloga Margarita Chorné y Salazar (1886) y varias egresadas de carreras
como Comercio y Administración. Es más, algunas se aventuraron a realizar estudios
de posgrado en el extranjero, auspiciados por los gobiernos federales y
estatales a través de diversas becas.
Estas pioneras constituyeron una diferencia para
nosotras contribuyendo a nuestra inscripción a los estudios superiores; son las
valientes que contra viento y marea lucharon por un derecho, omitido pero
válido, a una educación igualitaria. Ahora el sexo femenino puede incursionar
en un sin fin de disciplinas inimaginables durante el siglo XIX y destacarse
entre sus compañeros varones. No obstante, parecería que aquellas primeras
universitarias fueron invisibles pues pocos las conocieron y a otras las hemos
olvidado, ahí está la pobre Matilde Montoya, que reposa maltrecha y graffiteada en el parque vecino al
Centro Médico después de haber sido una de las doctoras más destacadas del
siglo XX.
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