miércoles, 11 de enero de 2012

La pioneras




Publicado en: Suplemento "Generación M" de Milenio Diariono. 9, 21 de julio de 2006
Existen unas cuantas mujeres que deberían ser reconocidas por sus logros, ya que fueron pioneras en los estudios universitarios. En la actualidad es evidente la presencia femenina en las aulas, en algunas carreras abarcamos más del 60% de la población estudiantil; sin embargo, hacia finales del siglo XIX no se tenía contemplada la incorporación de las mujeres a los estudios superiores a causa de su supuesta inferioridad, aunque la educación liberal había abierto nuevos espacios educativos que permitieron no sólo alfabetizarlas sino también proporcionarles un oficio por medio del cual ayudaran al sostén de los hogares.
Más allá de una preparación técnica, su incorporación a los estudios superiores les permitió alcanzar nuevas oportunidades, puesto que no sólo desempeñaron un papel económico sino también social alcanzando, en cierto grado, algunos derechos que únicamente disfrutaban los hombres. Estos últimos, tenían un abanico muy amplio de opciones académicas a elegir y una infinidad de empleos a escoger. Aquella educación superior exclusivamente masculina fue permitiendo poco a poco la incorporación de las primeras alumnas a la Escuela Nacional Preparatoria, escaño indispensable para adquirir un grado universitario. Aunque en un principio su número fue escaso, las materias que eligieron evidenciaban las áreas de conocimiento a que dirigían su interés; fue por ello que se destacaron principalmente en el magisterio, la enfermería y la obstetricia, todas ellas carreras altruistas.
Profesiones como la medicina, la abogacía, la telegrafía y hasta la ingeniería se presentaron como opciones para estas pioneras. Una pequeña oleada de mujeres fue titulándose en diversas labores como las médicas Matilde Montoya (1887) y Columba Rivera (1900); la abogada María Asunción Sandoval de Zarco (1898); la metalurgista Dolores Rubio Ávila; la odontóloga Margarita Chorné y Salazar (1886) y varias egresadas de carreras como Comercio y Administración. Es más, algunas se aventuraron a realizar estudios de posgrado en el extranjero, auspiciados por los gobiernos federales y estatales a través de diversas becas.
Estas pioneras constituyeron una diferencia para nosotras contribuyendo a nuestra inscripción a los estudios superiores; son las valientes que contra viento y marea lucharon por un derecho, omitido pero válido, a una educación igualitaria. Ahora el sexo femenino puede incursionar en un sin fin de disciplinas inimaginables durante el siglo XIX y destacarse entre sus compañeros varones. No obstante, parecería que aquellas primeras universitarias fueron invisibles pues pocos las conocieron y a otras las hemos olvidado, ahí está la pobre Matilde Montoya, que reposa maltrecha y graffiteada en el parque vecino al Centro Médico después de haber sido una de las doctoras más destacadas del siglo XX.

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