miércoles, 11 de enero de 2012

La mujer como escaparate del marido Libreras e impresoras en el siglo XVII


Publicado en: Ritos y Retos del Centro Histórico, año VII, no. 36, nov-dic 2006.


De entre los grupos de poder que dominaron el panorama comercial en la época colonial, encontramos a los libreros e impresores; sus trabajos aportaron nuevos conocimientos al saber científico, literario y, principalmente, eclesiástico.
Durante el siglo XVII se produjeron dos mil ejemplares de libros que fueron distribuidos a lo largo y ancho de la Nueva España. Tan sólo en la Ciudad de México existieron 35 talleres de impresión que tenían a su cargo pequeñas librerías productoras y distribuidoras de ejemplares para el público solicitante. Generalmente estos obrajes fueron atendidos por los miembros de la familia, dentro de la cual las mujeres pudieron ser partícipes de la profesión.
Uno de los ejemplos más claros que existieron al respecto, fue el de la viuda de Bernardo Calderón, quien fuera el más importante de los impresores de la época. Doña Paula de Benavides era madre de seis hijos y a la muerte de su marido se hizo cargo del negocio, claro está, con la ayuda de sus hijos varones, sin embargo eso no evitó que los libros llevaban su nombre. Bajo su mando la imprenta produjo 332 escritos, entre los que encontramos gacetas, sermones, cartillas, doctrinas, entre otros; además de los Villancicos de sor Juana Inés de la Cruz.
A su muerte, la viuda de Calderón dejó a sus hijos Diego y María encargado el negocio. María —que ya estaba casa para ese entonces con Juan Ribera, prominente librero—, ayudó a expandir el poderío familiar, al unir la empresa de sus padres a la de su marido. Cuando María se quedó al frente del negocio imprimió 80 impresos con su firma. A su muerte el oficio se dividió entre sus vástagos. El taller que se encontraba en la calle de San Agustín, quedó a cargo de Francisco quien al morir lo dejó en manos de su mujer Juana de León y Messa. Su hermano Miguel también delegó la responsabilidad del suyo, ubicado en la calle del Empedradillo, a su señora Gertrudis de Escobar y Vera que a su vez lo dejaría a cargo de María de Ribera, una de sus hijas menores. María se haría cargo del mismo por 22 años más.
Así como las mujeres de la familia Calderón, existieron otras que tuvieron en sus manos la responsabilidad de dirigir las imprentas y las librerías de sus finados maridos. Encontramos el caso de doña Gerónima Delgado, esposa de Francisco Rodríguez Lupercio, quien tenía su taller en la calle del Puente de Palacio. Hacia 1683 Gerónima se ocupó del negocio durante trece años, en los cuales elaboró 80 trabajos.
Estos son algunos ejemplos de mujeres impresoras. Sabemos que eran esposas de prominente empresarios de libros y herederas de un establecimiento ya posesionado, pero gracias a ellas los talleres siguieron produciendo libros y sus hijos pudieron continuar con la tradición. La participación, aunque mínima, de las mujeres en las imprentas permitió la apertura de nuevos oficios para el sexo femenino a lo largo de la época colonial. Entonces, ¿por qué limitarse ahora?

Bibliografía:
Emma Rivas Mata. “Después del autor… Impresores y libreros en la Nueva España del siglo XVII”, en Rosa María Meyer Cosío (coord.). Identidad y práctica de los grupos de poder en México, siglos XVII-XIX. Seminario de formación de grupos y clases sociales. México, INAH, 1999, (Serie Historia / Colección Científica).

No hay comentarios:

Publicar un comentario