miércoles, 11 de enero de 2012

El que a este mundo vino, y no bebe vino, ¿a que demonios vino?


Publicado en: Ritos y Retos del Centro Histórico, año VIII, no. 37, mar-abr 2007.


por MUA

La guerra contra los Estados Unidos fue un parteaguas para la ideología política de los grupos en el poder, su desarrollo trajo grandes contratiempos para México. En la ciudad de México, la llegada de las tropas invasoras en septiembre de 1847 trajo confusión, odio, miedo y hasta deseos de venganza por parte de la población; la cual nunca había sufrido una irrupción armada por parte de un extranjero. Los habitantes de la capital tuvieron que adaptarse a las circunstancias del momento y tolerar al enemigo hasta en su propia casa, por lo que algunos de ellos decidieron aprovechar la coyuntura y sacar beneficios de lo sucedido a través de la venta de productos solicitados por el invasor. ¿De qué otra manera sobrevivirían los comerciantes en ese momento de crisis?
Ante la inminente entrada de las tropas invasoras a la capital, el Ayuntamiento decidió tomar medidas para el resguardo de sus habitantes. La ciudad se preocupó por resguardar víveres, casas y comercios. El 24 de agosto de 1847, el gobernador del Distrito Federal, José María Tornel, pidió a sus regidores le confirmaran si cada manzana se encontraba abastecida de provisiones, forraje, agua y policía; además expuso su preocupación por que el precio de los víveres no fuese alterado y por evitar que hubiera “reuniones de gente en las vinaterías, pulquerías y otros lugares que [eran] comúnmente de escándalo”, fue así como se puso principal interés en vigilar esos establecimientos. Algunos regidores enviaron informes al gobierno central acompañados de listas que contenían la ubicación de este tipo de locales comerciales.
Los datos enviados por los regidores indican que había cuatro vinaterías, siete pulquerías y 21 tendajones en diversas calles, algunas se ubican a las afueras y otras mucho más cercanas a la Plaza Mayor. Unos establecimientos estaban ubicados en calles como Don Tiburcio, otros cercanos a la Alameda o a plazuelas. Por su parte, los propietarios no sólo eran hombres sino que también había nueve mujeres; ejemplo de ello eran Rosario Oronzón, Rafaela Domínguez o una tal Margarita, que tenía su tendajón en la 1ª calle de Peralvillo. Por lo visto, un porcentaje aceptable de mujeres se dedicaron al comercio de licor. También es curioso que se haya dado a conocer el nombre de un tendajón, llamado “San Antonio de los Pobres”, localizado en la misma calle donde se encontraba el expendio de Margarita.
Dentro de las listas encontramos que tanto vinaterías como pulquerías fueron exclusivamente propiedad masculina; allí tenemos a don Luis Romero que era dueño de una tienda-vinatería en la calle de la Cerbatana no 39 o al señor Suárez encargado de una pulquería en la Plazuela del Árbol no 9. Muchos fueron los locales que continuaron abiertos durante la guerra de 1847 y, muchos más, por encontrarse en la clandestinidad se han perdido en el anonimato. Aunque no podemos saber con certeza cuantos lugares de vicio se establecieron en la ciudad de México en los años en que los yanquis tenían dominado el territorio nacional, sí contamos con unos cuantos datos que nos hablan de las necesidades económicas que sufrían los habitantes de esta capital. En tiempos de guerra algunos comerciantes aprovecharon las circunstancias para vender licores, pulques y aguardientes a nacionales y extranjeros, a pesar de que la bandera del enemigo ondeara en Palacio Nacional.

Bibliografía:
AHDF. Ayuntamiento-Gobierno del Distrito Federal. Actas de Cabildo 1846-1847.
AHDF. Ayuntamiento-Gobierno del Distrito Federal. Historia. Guerra con los Estados Unidos.




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