Publicado en: Ritos y Retos del Centro Histórico, año VIII, no. 37, mar-abr 2007.
por MUA
La guerra contra los Estados Unidos
fue un parteaguas para la ideología política de los grupos en el poder, su
desarrollo trajo grandes contratiempos para México. En la ciudad de México, la
llegada de las tropas invasoras en septiembre de 1847 trajo confusión, odio,
miedo y hasta deseos de venganza por parte de la población; la cual nunca había
sufrido una irrupción armada por parte de un extranjero. Los habitantes de la
capital tuvieron que adaptarse a las circunstancias del momento y tolerar al
enemigo hasta en su propia casa, por lo que algunos de ellos decidieron
aprovechar la coyuntura y sacar beneficios de lo sucedido a través de la venta
de productos solicitados por el invasor. ¿De qué otra manera sobrevivirían los
comerciantes en ese momento de crisis?
Ante la inminente
entrada de las tropas invasoras a la capital, el Ayuntamiento decidió tomar
medidas para el resguardo de sus habitantes. La ciudad se preocupó por
resguardar víveres, casas y comercios. El 24 de agosto de 18 47, el gobernador del
Distrito Federal, José María Tornel, pidió a sus regidores le confirmaran si
cada manzana se encontraba abastecida de provisiones, forraje, agua y policía;
además expuso su preocupación por que el precio de los víveres no fuese
alterado y por evitar que hubiera “reuniones de gente en las vinaterías,
pulquerías y otros lugares que [eran] comúnmente de escándalo”, fue así como se
puso principal interés en vigilar esos establecimientos. Algunos regidores
enviaron informes al gobierno central acompañados de listas que contenían la
ubicación de este tipo de locales comerciales.
Los datos enviados por los regidores indican
que había cuatro vinaterías, siete pulquerías y 21 tendajones en diversas calles,
algunas se ubican a las afueras y otras mucho más cercanas a la Plaza Mayor. Unos
establecimientos estaban ubicados en calles como Don Tiburcio, otros cercanos a
la Alameda o
a plazuelas. Por su parte, los propietarios no sólo eran hombres sino que también
había nueve mujeres; ejemplo de ello eran Rosario Oronzón, Rafaela Domínguez o
una tal Margarita, que tenía su tendajón en la 1ª calle de Peralvillo. Por lo
visto, un porcentaje aceptable de mujeres se dedicaron al comercio de licor.
También es curioso que se haya dado a conocer el nombre de un tendajón, llamado
“San Antonio de los Pobres”, localizado en la misma calle donde se encontraba
el expendio de Margarita.
Dentro de las listas encontramos que tanto
vinaterías como pulquerías fueron exclusivamente propiedad masculina; allí
tenemos a don Luis Romero que era dueño de una tienda-vinatería en la calle de la Cerbatana no 39 o al
señor Suárez encargado de una pulquería en la Plazuela del Árbol no 9.
Muchos fueron los locales que continuaron abiertos durante la guerra de 1847 y,
muchos más, por encontrarse en la clandestinidad se han perdido en el
anonimato. Aunque no podemos saber con certeza cuantos lugares de vicio se
establecieron en la ciudad de México en los años en que los yanquis tenían dominado
el territorio nacional, sí contamos con unos cuantos datos que nos hablan de
las necesidades económicas que sufrían los habitantes de esta capital. En
tiempos de guerra algunos comerciantes aprovecharon las circunstancias para
vender licores, pulques y aguardientes a nacionales y extranjeros, a pesar de
que la bandera del enemigo ondeara en Palacio Nacional.
Bibliografía:
AHDF. Ayuntamiento-Gobierno del Distrito Federal. Actas de Cabildo 1846-1847.
AHDF. Ayuntamiento-Gobierno del Distrito Federal. Historia. Guerra con los
Estados Unidos.

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