miércoles, 11 de enero de 2012

Irrupción a las aulas Las primeras universitarias





Publicado en Ritos y Retos del Centro Histórico, año VI, no. 30, nov- dic 2005. También puede ser encontrado en la página wed Ciudadanosenred.com.mx. Una democracia la construye la participación ciudadana, del 14 de octubre de 2009, http://ciudadanosenred.com.mx/node/17386


Con el paso del tiempo, las mujeres hemos ido conquistando diversos espacios profesionales que siglos atrás eran exclusivamente masculinos, totalmente inimaginables para nuestro género. En México el parteaguas se debe a los gobiernos liberales que desde el triunfo de la República sobre el Imperio en 1867 dieron mayor importancia a la educación femenina. Para ello abrieron sus puertas diversas instituciones cuya misión fue formar a las alumnas a fin de que desempeñaran oficios “propios de su sexo”. No fue sino hasta 1888 que la Escuela Normal de Profesoras dio a la profesión de maestra un carácter formal. Una década atrás, en 1878, se tiene registrado que el 75% de los docentes eran varones y sólo un 25% eran mujeres; hacia 1907 las cifras cambiaron radicalmente ocupando el sexo femenino un 77% de dichas plazas. La carrera magisterial significó para las mujeres el preámbulo idóneo para su irrupción en el mundo profesional.
Un pequeño grupo de mexicanas se convirtió en noticia al ingresar, desde 1882, en la Escuela Nacional Preparatoria, escalafón indispensable para incorporarse a los estudios superiores. Matilde Montoya, la primera en ingresar, fue también la primera mujer mexicana egresada de la Escuela Nacional de Medicina. Con respecto a Matilde, la periodista Laureana Wright señala que “a fuerza de constancia había logrado vencer a la envidia y dominar a la ciencia” pues sus estudios se vieron interrumpidos varias veces debido a las continuas críticas del medio masculino. Posteriormente, una pequeña oleada de mujeres fue recibiendo sus títulos en diversas profesiones: las médicas Columba Rivera (1900), Guadalupe Sánchez (1903), Antonia Ursúa (1908), Rosario Martínez (1911) y Soledad Régules Iglesias (1907); la abogada María Asunción Sandoval de Zarco (1898); la metalurgista Dolores Rubio Ávila; la odontóloga Margarita Chorné y Salazar (1886) y varias más egresadas de carreras como Comercio y Administración.
Gracias a que las autoridades educativas brindaron apoyo económico y becas, varias mujeres lograron especializarse en el extranjero como sucedió con Soledad Régules que una vez titulada partió a Paris para continuar sus estudios como médico cirujano. Otras más recibieron la totalidad de su formación fuera del país como Laureana Mantecón de González, esposa del ex presidente de la República Manuel González, que obtuvo su título de doctora en medicina en una universidad estadounidense, o bien el caso de la señorita Toral que hizo lo propio en Cincinatti.
Aunque fueron pocas las mexicanas que para ese entonces irrumpieron en las aulas universitarias —sobre todo si las comparamos con los cientos de mujeres europeas y estadounidenses que desde mucho tiempo atrás ya ejercían gran número de carreras en sus países—, constituyeron un valioso antecedente en la apertura del medio profesional para el sexo femenino en México. Hoy en día, basta dar un vistazo por las aulas universitarias para constatar que la mayor parte de la población está integrada por mujeres.

Bibliografía:
María de Lourdes Alvarado, “Abriendo brecha’. Las pioneras de las carreras liberales en México”, en Universidad de México, UNAM, v. LV, no. 596, sept 2000.

Martha Eva Rocha, “Las mexicanas en el siglo XX”, en Francisco Blanco Figueroa, Mujeres mexicanas del siglo XX. La otra revolución, México, Edicol / UAM / UNAM / IPN / Universidad Autónoma del Estado de Morelos / UANL / UAEM / UAC, 2001, v.4.

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