miércoles, 11 de enero de 2012

“Echen confites y canelones...” La Navidad en México




Publicado en: Ritos y Retos del Centro Históricoaño V, no. 26, nov- dic 2004

De niña, mis padres solían llevarme junto con mis hermanos al Zócalo a disfrutar la majestuosa iluminación que año con año adornaba los edificios principales. Caminábamos por aquellas calles viendo los aparadores de los centros comerciales y disfrutando el cálido ambiente navideño. Recuerdo bien que nos gustaba pararnos afuera del Liverpool de la calle del 20 de noviembre a contemplar como los gnomos de Santa Clós subían de una escalera a otra los regalos que se repartirían a los niños. La Navidad para nosotros significaba la llegada de los Reyes Magos, del “gordito rojo” y en algunas casas del Niño Dios; ahora que ha pasado el tiempo veo como mis sobrinos disfrutan y se emocionan con las mismas cosas con que mis hermanos y yo nos entusiasmábamos tan solo unas décadas atrás.
Pero la celebración no era la misma hacía algunos siglos. La primera Navidad se celebró en 1528; durante toda la época colonial la ciudad se iluminaba con las velas y figuras que adornaban los balcones de las casas. Las iglesias se abarrotaban de fieles que rezaban el rosario a lo largo del día. Sin embargo, aunque pueda pensarse que la Navidad era la fiesta religiosa más importante del año, ésta distaba mucho de serlo.
La alegría de las fiestas decembrinas que conocemos, es en realidad una herencia del siglo diecinueve: la verbena navideña se repetía noche a noche y la muchedumbre abarrotaba los portales y la Plaza de la Constitución. Ramas de pino, flores, juguetes para la colación, esculturas de santos y vírgenes, canelones, pastillas y dulces cubiertos, papeles de colores, piñatas, naranjas, perones, tejocotes, plátanos, jícamas, cacahuates, granaditas de china y faroles de papel eran solo algunas de las cosas que se podían encontrar en las calles, en puestos improvisados y locales de la Ciudad de México.
Nueve días antes de la Nochebuena dan inicio las Posadas. En esos días los mercados se llenan de olores y colores; los capitalinos recorren sus pasillos en busca de los ingredientes necesarios para organizar la celebración de la noche. Cañas, guayabas, tejocotes, manzanas, ciruelas pasas, pasitas, canela y piloncillo para el ponche; cacahuates, dulces, confeti, colación y frutas varias para rellenar la piñata. Figuras de nacimiento, heno, musgo, pesebres, velitas, luces de bengala y letanías ocupan infinidad de puestos a las afueras de los mercados. Si la ocasión lo amerita, se prepararán antojitos diversos que los anfitriones ofrecerán a sus convidados. De todos los asistentes a estas celebraciones, los que mejor se la pasan son los niños, a quienes toca romper la piñata, luego de haber pedido posada y, en algunas casas, de haber rezado la jornada. A esto sigue el ponche y la degustación de los suculentos guisos.
El contacto con otras culturas ha hecho de la Navidad una celebración cosmopolita con aportaciones de toda índole. La más mexicanizada de éstas es el árbol de Navidad, que llegó a nuestro país junto con el emperador Maximiliano, como parte de las costumbres que los diplomáticos prusianos traían consigo. Pese a que no arraigó en esos años, la costumbre de poner un “arbolito” tomó fuerza en el siglo veinte, tras la comercialización que de ella hicieron los estadounidenses.
Ya sea por el anhelo de ver a los seres queridos que están lejos, por los regalos que se han de dar o recibir, por el descanso que conllevan las vacaciones o por el simple hecho de divertirse, la Navidad es y será la festividad más esperada a lo largo del año, donde se conjugan tradiciones y costumbres que disfrutamos chicos y grandes.

Bibliografía:
Sonia Iglesias y Cabrera. Navidades mexicanas. CONACULTA, 2001
Sebastián Verti. El libro clásico de la Navidad en México. Costumbres y tradiciones de nuestro pueblo. Diana, 1988.
Antonio García Cubas. El libro de mis recuerdos. Porrúa, 1986.
Teresa E. Rhode. Tiempo sagrado. Planeta, 1992.
Gustavo Curiel y otros. Pintura y vida cotidiana en México, 1650-1950. Fomento Cultural Banamex/ CONACULTA, 1999.

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