jueves, 14 de abril de 2016

De hangover al prefijo trans. Una nueva visión acerca de la Cultura

Cecilia Alfaro Gómez
Catedrática
Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación

Tras ver un documental sobre la generación que protagonizó la serie de televisión Mad Men, me llamó la atención una de las frases pronunciadas por una de las especialistas entrevistadas. Ella hablaba sobre la construcción de las improntas generaciones y decía que no todas estas rigen por completo a una generación en su conjunto, lo cual es muy cierto. Esas construcciones están íntimamente ligas a muchos más factores, a grupos específicos de la población en el mundo entero, a las emociones y a las experiencias aprendidas por cada individuo dentro de una cultura, a los Códigos Culturales.
            Ese justamente es el tema en cuestión de este artículo, la mezcla entre improntas y arquetipos que generan estilos de vida muy particulares, que se convierten en códigos y que permiten, a los consumidores, disfrutar de un producto o un servicio en materia de marketing. Dicho axioma desde hace dos años permitió a un grupo de jóvenes estudiantes intentar jugar con el término y descubrir un mundo de posibilidades.
            Hasta la fecha llevamos publicadas dos memorias electrónicas escritas por los alumnos del Centro en Estudios en Ciencias de la Comunicación, que se dedicaron a estudiar la teoría propuesta por el antropólogo cultural Clotaire Rapaille y que decidieron ponerla en práctica en 28 ensayos hasta la fecha. De hangover a lo prohibido fue nuestro primer acercamiento al mundo de la investigación de las comunicaciones en 2014.
Este ciclo nos preocupamos por el Ser, por identificar quiénes somos y que representamos dentro de la gran cultura de masas. Nos imaginamos en medio de una guerra tecnológica, jugando videojuegos y tomando tequila, seduciendo mujeres al estilo James Bond y maquinando nuevas formas de conservación animal, a través de la contabilización del tiempo. Eso y mucho más contiene este nuevo título que está por ser presentado el próximo 7 de abril en nuestra institución.
Esta vez quince estudiantes de diversos semestres y de muy distintas carreras intentaron dilucidar sus ideas introduciendo o consolidando una serie de marcas de prestigio a nivel mundial en ciertos países. Todos con un solo fin: conocer a fondo la cultura de cada lugar para resolver cuál era la fórmula óptima para adaptarla a un mercado en específico.
Lo que en verdad me gusta de esta nueva entrega es la diversidad de formas de abordaje y resolución en cada caso, mientras unos publicitan, otros persuaden, algunos diseñan y unos más trabajan en torno a causas humanitarias en diferentes partes del mundo. Demostrando que de un universo infinito de posibilidades puede emanar un código cultural, no importando el lugar, la situación, ni la marca de la que estemos hablando, sino de la cultura a que nos estemos dirigiendo de forma particular.
Es precisamente la diversidad la que da título a esta nueva entrega: Yo soy trans. Los códigos culturales de la comunicación CECC. Memoria Electrónica 2015, la cual habla de esa posibilidad del ser humano de transformarse, de transgredir, de transferir, de transcender. 2156 palabras que pueden escribirse con dicho prefijo están navegando por nuestro universo cultural; cada persona, cada cosa puede identificarse con ellas, hacerse de ellas, interpretarlas, actuarlas y ponérselas, porque las personas son, por antonomasia, una reafirmación de sí mismas.

Este trabajo muestra el crecimiento académico de nuestros alumnos y, a la par, nos prepara para nuevas interpretaciones de una realidad imperante. La contemporaneidad trae consigo nuevas propuestas a muy diversos temas, ahora nos encontramos ya preparando una tercera entrega, en la cual hablaremos sobre México y su introducción a los mercados europeo o asiático. Queremos que el Proyecto Código Cultural se convierta en una línea de investigación sólida dentro del CECC, que constituya los primeros pininos de nuestros próximos egresados y que evidencie públicamente el potencial que tenemos al interior de las aulas.

miércoles, 9 de marzo de 2016

De lo raro a los exótico, prosiguiendo con lo dicho

*Publicado en Yo soy trans. Los códigos culturales de la comunicación CECC. Memoria electrónica 2015, México, CECC, 2016.
Cecilia Alfaro Gómez
Catedrática CECC

Cuando uno habla de arquetipos, no sólo piensa en las ”imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forman parte del inconsciente colectivo” o en un modelo que representa una manifestación de la realidad (www.del.rae.es), más bien imaginamos un mundo de posibilidades infinitas relacionadas con el ser humano y la Cultura. Cotidianamente solemos pensar en conceptos que representen grandes sectores de la población, con costumbres, tradiciones y estilos de vida muy diversos. En lo personal pienso en Clotaire Rapaille[1] y sus códigos culturales.
Hace un año salió a luz pública la primera de una serie de memorias electrónicas que decidimos crear a partir de los trabajos de nuestros alumnos de Antropología Cultural, materia que imparto desde hace unos ayeres en esta institución, y que tiene por objetivo alentar la investigación académica entre los estudiantes. Desde hace un tiempo en la clase hemos venido trabajando con la teoría de Rapaille sobre el Código Cultural y la hemos estado poniendo en práctica. De ésta han emanado una serie de arquetipos que se identifican de forma muy clara con ciertas sociedades y los cuales nos sirven para vender productos y servicios.
En la Memoria 2015 explicamos con detenimiento qué era un Código Cultural, ese “significado que las personas dan inconscientemente a un producto, un proyecto, un servicio o una relación” (De hangover…, 2015, p.17). Ahora estamos empezando a revolucionarlo con los nuevos avances en la materia, puesto que algunos de los trabajos aquí presentados trataron de descubrir los códigos por países a nivel general, para fusionarlos con los creados para las marcas. Nuestros estudiantes comprendieron la importancia de conocer a fondo una cultura para poder introducir, consolidar o modificar la forma de persuadirla.
Los códigos proporcionan información sumamente precisa para la conformación de los estudios de mercado; para la invensión de los productos y los servicios en una cultura en específico; para posicionar, incrementar o generar ventas exitosas, o bien, para exteriorizar emociones y recuerdos al momento de la compra.
2014 fue el año de De hangover…,[2] de las mascaradas y de las bebidas prohibidas, este ciclo nos preocupamos por el Ser, por identificar quiénes somos y que representamos dentro de la gran cultura de masas. Nos imaginamos en medio de una guerra tecnológica, jugando videojuegos y tomando tequila, seduciendo mujeres al estilo James Bond y maquinando nuevas formas de conservación animal, a través de la contabilización del tiempo.
Esta vez intentamos ir más allá, trabajamos marcas de lujo, las pusimos en entre dicho, nos cuestionamos la viabilidad de su introducción en nuevos mercados, las criticamos y llegamos a crear anti-códigos que reflejen la realidad que se vive en ciertos países del tercer orbe. En pocas palabras, nos volvimos más creativos.
            Ahora las cosas han cambiado notoriamente, el grupo de escritores se ha incrementado, los retos se han vuelto mayores y los desafíos se han hecho plausibles. Si presentamos un hangover lleno de ideas novedosas y, en algunas ocasiones, alocadas, ahora el trabajo se ha vuelto más especializado.
Quince estudiantes de los primeros semestres del CECC intentaron dilucidar sus ideas introduciendo o consolidando una serie de marcas de prestigio a nivel mundial en ciertos países. Todos con un solo fin: conocer a fondo la cultura de cada lugar para resolver cuál era la fórmula óptima para adaptarla a un mercado en específico.
Lo que en verdad me gusta de esta nueva entrega es la diversidad de formas de abordaje y resolución en cada caso, mientras unos publicitan, otros persuaden, algunos diseñan y unos más trabajan en torno a causas humanitarias en diferentes partes del mundo. Demostrando que de un universo infinito de posibilidades puede emanar un código cultural, no importando el lugar, la situación, ni la marca de la que estemos hablando.
            Es precisamente la diversidad la que da título a esta nueva entrega: Yo soy trans. Los códigos culturales de la comunicación CECC. Memoria Electrónica 2015, la cual habla de esa posibilidad del ser humano de transformarse, de transgredir, de transferir, de transcender. 2156 palabras que pueden escribirse con dicho prefijo están navegando por nuestro universo cultural; cada persona, cada cosa puede identificarse con ellas, hacerse de ellas, interpretarlas, actuarlas y ponérselas, porque la gente ES por antonomasia una reafirmación de sí misma.
Precisamente estos capítulos buscan dar respuesta a muy diversas situaciones, en diferentes contextos, a través de una esencia común, espesa, burbujeante, tornasolada que es la Cultura.
Enero de 2016



[1] Clotaire Rapaille es un antropólogo cultural francés que ha diseñado un nuevo sistema para ubicar públicos objetivos a nivel Cultural llamado Código Cultural. Su libro, impreso en la década pasada ha contribuido a mejorar las ventas de las grandes empresas en el mundo entero.
[2] (2015). De hangover a lo prohibido. Los códigos culturales en el mundo de la publicidad y la comunicación. Memoria electrónica 2014. México: CECC.

sábado, 14 de marzo de 2015

Vacío


Me despierto. La recámara se encuentra a oscuras, casi no puedo abrir los ojos, mis pupilas no pueden enfocar correctamente. Veo una pequeña hendidura: ventana, cortina, ventana. No entiendo, me cuesta trabajo entender de qué se trata… sigo desconcertada. Volteo hacia el techo y lo entiendo todo, mi cabeza gira hacia el reloj: 7:50. Es temprano. Es domingo. Tengo sueño. Bostezo, giro. Lo veo. Lo había olvidado.
Un bulto, un gran bulto a mi lado, inerte, sólo se percibe una respiración tranquila, casi pacífica. Lo había olvidado, había olvidado que se encontraba a mi lado, que vivía conmigo, los años… Me levanto, no encuentro mis zapatos. Pretendo desprenderme de todo, creo que un baño caliente sería la solución, pero tengo hambre, mucha hambre. Veo sobre la mesa sus papeles, su pluma, la computadora aún prendida, casi acaba de recostarse. Cierro la puerta de la recámara, me ciento a leer, las lágrimas comienzan a correr por mis mejillas, caen sobre la hoja, sobre el vacío blanco, sobre la tinta, que se esparce sobre la superficie. Estoy sola, más sola que nunca, más sola que antes y él sigue dormido, inmóvil, sin percatarse…