sábado, 14 de marzo de 2015

Vacío


Me despierto. La recámara se encuentra a oscuras, casi no puedo abrir los ojos, mis pupilas no pueden enfocar correctamente. Veo una pequeña hendidura: ventana, cortina, ventana. No entiendo, me cuesta trabajo entender de qué se trata… sigo desconcertada. Volteo hacia el techo y lo entiendo todo, mi cabeza gira hacia el reloj: 7:50. Es temprano. Es domingo. Tengo sueño. Bostezo, giro. Lo veo. Lo había olvidado.
Un bulto, un gran bulto a mi lado, inerte, sólo se percibe una respiración tranquila, casi pacífica. Lo había olvidado, había olvidado que se encontraba a mi lado, que vivía conmigo, los años… Me levanto, no encuentro mis zapatos. Pretendo desprenderme de todo, creo que un baño caliente sería la solución, pero tengo hambre, mucha hambre. Veo sobre la mesa sus papeles, su pluma, la computadora aún prendida, casi acaba de recostarse. Cierro la puerta de la recámara, me ciento a leer, las lágrimas comienzan a correr por mis mejillas, caen sobre la hoja, sobre el vacío blanco, sobre la tinta, que se esparce sobre la superficie. Estoy sola, más sola que nunca, más sola que antes y él sigue dormido, inmóvil, sin percatarse…


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