jueves, 14 de abril de 2016

3 de abril...

“Y te extraño…”, fue la ultima frase leída en el mensaje. Las emociones brotaron a flor de piel tras posar los ojos sobre ellas. Emoción contenida tras su partida. Una larga rabieta, pensamientos constantes de abandono, de soledad, de desesperanza, tras un adiós programado, imaginado, consensuado. Y nada, no hay mucho que explicarse, no hay mucho que entender, porque no se quiere querer, no se quiere esperar, no se quiere entender; porque se es egoísta, porque se quiere apresar, porque se quiere retener, porque se quiere robar y no dejar escapar, cual ave en un corral. Maniatar…
Y volvemos al te extraño y volvemos a la esperanza, a la espera y al romance y al miedo y a la inseguridad y al momento en que tu boca calla ese te amo que desea soltar desde hace semanas y la incertidumbre de que esa, esa palabra sea falsa, que esté ligada al entusiasmo del momento, que se mezcle con el dolor, la desazón y la incertidumbre. Con el hambre por devorar cualquier sentimiento recíproco, que hace tiempo nadie a profesado hacia ti. Y te asusta pensar que es simple aire, una pequeña, insignificante brisa marina que se perderá entre las olas, que no fue de importancia para el otro, que no tiene futuro alguno.

Y vuelves al punto en el cual dejaron de amarte por primera vez, y supones que ésta será la siguiente y empiezas a planear cómo superarlo antes de tiempo, antes de que te abandonen, antes de que se vaya, antes de que te percates cuánto lo amas. Así tan rápido, como nunca te había pasado antes, cómo nunca deseaste sentirte porque estás así, vulnerable y sabes que te pueden romper nuevamente el corazón; como antes, como aquella vez en la que amar era el único alimento que te mantenía con vida.

De hangover al prefijo trans. Una nueva visión acerca de la Cultura

Cecilia Alfaro Gómez
Catedrática
Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación

Tras ver un documental sobre la generación que protagonizó la serie de televisión Mad Men, me llamó la atención una de las frases pronunciadas por una de las especialistas entrevistadas. Ella hablaba sobre la construcción de las improntas generaciones y decía que no todas estas rigen por completo a una generación en su conjunto, lo cual es muy cierto. Esas construcciones están íntimamente ligas a muchos más factores, a grupos específicos de la población en el mundo entero, a las emociones y a las experiencias aprendidas por cada individuo dentro de una cultura, a los Códigos Culturales.
            Ese justamente es el tema en cuestión de este artículo, la mezcla entre improntas y arquetipos que generan estilos de vida muy particulares, que se convierten en códigos y que permiten, a los consumidores, disfrutar de un producto o un servicio en materia de marketing. Dicho axioma desde hace dos años permitió a un grupo de jóvenes estudiantes intentar jugar con el término y descubrir un mundo de posibilidades.
            Hasta la fecha llevamos publicadas dos memorias electrónicas escritas por los alumnos del Centro en Estudios en Ciencias de la Comunicación, que se dedicaron a estudiar la teoría propuesta por el antropólogo cultural Clotaire Rapaille y que decidieron ponerla en práctica en 28 ensayos hasta la fecha. De hangover a lo prohibido fue nuestro primer acercamiento al mundo de la investigación de las comunicaciones en 2014.
Este ciclo nos preocupamos por el Ser, por identificar quiénes somos y que representamos dentro de la gran cultura de masas. Nos imaginamos en medio de una guerra tecnológica, jugando videojuegos y tomando tequila, seduciendo mujeres al estilo James Bond y maquinando nuevas formas de conservación animal, a través de la contabilización del tiempo. Eso y mucho más contiene este nuevo título que está por ser presentado el próximo 7 de abril en nuestra institución.
Esta vez quince estudiantes de diversos semestres y de muy distintas carreras intentaron dilucidar sus ideas introduciendo o consolidando una serie de marcas de prestigio a nivel mundial en ciertos países. Todos con un solo fin: conocer a fondo la cultura de cada lugar para resolver cuál era la fórmula óptima para adaptarla a un mercado en específico.
Lo que en verdad me gusta de esta nueva entrega es la diversidad de formas de abordaje y resolución en cada caso, mientras unos publicitan, otros persuaden, algunos diseñan y unos más trabajan en torno a causas humanitarias en diferentes partes del mundo. Demostrando que de un universo infinito de posibilidades puede emanar un código cultural, no importando el lugar, la situación, ni la marca de la que estemos hablando, sino de la cultura a que nos estemos dirigiendo de forma particular.
Es precisamente la diversidad la que da título a esta nueva entrega: Yo soy trans. Los códigos culturales de la comunicación CECC. Memoria Electrónica 2015, la cual habla de esa posibilidad del ser humano de transformarse, de transgredir, de transferir, de transcender. 2156 palabras que pueden escribirse con dicho prefijo están navegando por nuestro universo cultural; cada persona, cada cosa puede identificarse con ellas, hacerse de ellas, interpretarlas, actuarlas y ponérselas, porque las personas son, por antonomasia, una reafirmación de sí mismas.

Este trabajo muestra el crecimiento académico de nuestros alumnos y, a la par, nos prepara para nuevas interpretaciones de una realidad imperante. La contemporaneidad trae consigo nuevas propuestas a muy diversos temas, ahora nos encontramos ya preparando una tercera entrega, en la cual hablaremos sobre México y su introducción a los mercados europeo o asiático. Queremos que el Proyecto Código Cultural se convierta en una línea de investigación sólida dentro del CECC, que constituya los primeros pininos de nuestros próximos egresados y que evidencie públicamente el potencial que tenemos al interior de las aulas.