Tinta rosa sobre papel
Tinta rosa sobre papel
2012-12-31
2012-12-31
Publicado
en: Revista Payaso Procaz. Cultura sin pudor, en el Blog Tinta rosa
sobre papel en http://www.payasoprocaz.com
Una de las cosas que más me gustan en esta vida es cocinar. Desde pequeña fui intrépida en esa materia. Recuerdo que a los 6 años, cuando me encontraba de vacaciones solía freír mis propios huevos; evidentemente mi mamá no sabía nada al respecto y cuando me hablaba por teléfono desde su trabajo y me preguntaba qué había desayunado, yo le mentía diciendo que había comido cereal con leche. ¡Imaginen ustedes si le decía la verdad! De seguro le hubiese dado un infarto…
También hervía avena e inventaba formas de cocción más sencillas: como aquella vez cuando metí un huevo al microondas (lo cual no recomiendo): el pobre blanquillo explotó y el olor fétido del micro me generó nauseas al momento de limpiar. Lo más grave fue cuando freí un plátano tabasco en vez de uno macho, pensando que sería lo mismo: en realidad el experimento no resultó pues las rebanadas parecían esponjas absorbiendo toda la grasa posible y adhiriéndose al sartén, igual terminé comiendo plátanos tatemados con crema a pesar del desastre dejado en la cocina.
Así fue como conocí la cocina y así fue como mi gusto culinario fue incrementándose. Hoy en día soy la primera en ofrecerse en cocinar y, no es por ser presumida, pero las ensaladas y la comida italiana son mis especialidades. Suelo dominar casi toda clase de guisos: con un recetario enfrente y mis tazas medidoras no hay platillo que se me resista (bueno, en un principio el arroz intentó sublevarse pero lo dominé para después hacer que a mi marido le saliera arroz por las orejas). Ese es mi secreto (y a diferencia del de la margarina Primavera yo sí puedo decirlo): constancia. No importa cuando se te pegue el arroz, con la práctica terminarás convirtiéndote en un experto.
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